Train to Busan

Estación zombie

Estación zombie

El apocalipsis avanza sobre las vías de un tren

En las últimas décadas hemos visto cómo el tema zombi era explotado desde numerosas perspectivas. Al director surcoreano Yeon Sang-ho hay que reconocerle su parte de originalidad al llevar la temática al interior de un tren que parte de Seul con dirección a Busan y que por el camino va dejando un rastro de muerte, destrucción e inhumanidad creciente.

Quienes dicen que éste es un planteamiento sorprendente del género, me sorprenden con su crítica. A mí lo único que me ha parecido diferente es que por primera vez en lugar de ver a un grupito de caucásicos devorándose entre sí, he visto a asiáticos a los que de repente se les ponen los ojos como si se hubieran pasado toda la noche de fiesta en un karaoke y se lanzan a morder al primero que se les cruce en su camino. Tal vez por esa parte sí que hay algo más de novedoso. Por lo demás, es una película más de zombis. Con sus cosas buenas, que alguna que otra tiene. Y esas otras cosas que repiten más que el alioli.

En ‘Train to Busan’ el apocalipsis tiene un poco más de trasfondo

Sin llegar a ser una exageración, sí es cierto que entre tanto ataque mortal la película de Yeon Sang-ho plantea cierto dilema moral. El tren a Busan es un pequeño mundo dentro de ese otro mundo que ya se está yendo al garete. Y como ocurre en el mundo real, hay diferentes clases. Pero a la hora de la verdad, cuando la amenaza de la muerte es algo tan palpable y cercano, lo cierto es que esas diferencias no sirven de mucho.

Con todo, siempre habrá quien insista hasta el último momento en decidir quiénes tienen más derecho a vivir que otros. Es en éste punto en el que Train to Busan convierte a los antihéroes en héroes e intenta hacer un poco de justicia, algo que parece complicado entre tanta sangre y tanta tensión. Porque si algo tiene esta película es un ritmo trepidante. Los personajes tienen que ir avanzando sin descanso hacia la cabeza del tren y a la que te descuidas te das cuenta de que dos o tres del grupo ya se te han quedado por el camino.

Es una película bastante entretenida, a veces con ese toque sentimentaloide que tal vez porque no estoy hecha al cine de estas latitudes no soy capaz de digerir. Tiene algún que otro golpe de efecto impactante y una escena especialmente sugerente al final de la película, que no desvelaré para no destripar un punto importante del argumento. Pero es una de esas escenas en las que muchas veces las superproducciones americanas pecan de ser demasiado evidentes, cuando la sutileza es siempre mucho más elegante.

Train to Busan es una película extraña. ¿Zombis que al final te hacen sentir sentimental? ¿Brutalidad sangrienta en busca de un trasfondo filosófico? Realmente, todavía no me he hecho una opinión al respecto. Tal vez es una de esas películas que habría que volver a ver dentro de un tiempo, cuando se te empiece a olvidar.

 

 

Celina Ranz Santana

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