Toy Story 3

Toy Story 3Creo recordar que Fernando Savater decía que él era un tipo vitalista precisamente porque en el fondo es un tremendo pesimista, aunque quizás no lo dijo con estas palabras. Bueno, pues yo me siento igual. Y creo que quizás por eso es por lo que me gusta tanto la comedia.

Resulta difícil concebir que una tercera parte sea buena, después de la tan popular frase acuñada para las segundas partes con excepción, ya lo sabemos todos, de El Padrino II y alguna otra, como por ejemplo, Toy Story. He visto la tercera entrega y no puedo decir que sea excelente, como sí creo que eran las dos anteriores pero ésta es una afirmación relativa, asentada sobre un condicionante principal: no es excelente si se han visto las dos primeras. Aquí no hay términos absolutos, esto es cine y hay que valorarlo como lo que es, un dispositivo a medio camino entre el arte y el negocio que se presta a este tipo de reflexiones. Es una de las cosas que, qué le vamos a hacer, sólo puede ocurrir con las películas. O sea, “es buena, dependiendo de…” Su calidad depende del espectador. Pero no de su criterio, sino de su biografía. Interesante, ¿no? Un arte cuya calidad depende de la historia del receptor. Me explico, creo que si uno no ha visto Toy Story ni Toy Story 2, ésta puede ser una película magnífica. Si uno las ha visto, es simplemente una buena película, excelente a ratos (y lo que yo llamo aquí excelencia está en función del grado de calidad de sus gags).

Me ocurrió algo similar con mi casi idolatrado Woody Allen, quien con El sueño de Cassandra sentí que me tomaba el poco pelo que tengo para cubrir mi cerebro (quizás por eso se me calienta tanto y no puedo evitar este tipo de reflexiones que nunca sabré si son disparatadas) al repetir la fórmula de Match Point, que a su vez explotaba la fórmula de la primera de la saga (por lo tanto, aquí no podríamos hablar de fórmula), Delitos y faltas. Y si nos ponemos tiquismiquis, ésta a su vez nos remite a Crimen y Castigo, la novela del maestro ruso (en vez de decir “Dostoievski” digo el “maestro ruso”, yo tampoco me libro de las fórmulas literarias). Bien, como en El Padrino, la primera y la segunda estaban muy bien, la tercera no les llegaba a la altura.

Yo recomiendo la película de Pixar, la recomiendo mucho, sobre todo si tienen hijos con edad para ir al cine y sobre todo si sus cabezas está plagadas de fantasías cinematográficas como lo está la mía. Vamos, como se decía antes, si la tienen llena de pájaros. O si, como me pasa a mí, se toman la comedia como una cosa muy seria.

Porque Toy Story 3 es una comedia. No importa el formato en que esté hecha, si es animación, 3-D, 2-D o leches en vinagre. Si es una película de aventuras o una historia épica. Lo que la recorre de principio a fin es la comedia. Yo de mayor quiero trabajar en Pixar.

Con esto del cine ocurre como en la vida en general, que es cuestión de suerte. Si te toca haber nacido en esta época digital y ves Ciudadano Kane, es seguro que no la vas a percibir como un espectador de los años cuarenta. Por este motivo las películas que vemos son mejores o peores dependiendo de nuestra biografía. A mí por ejemplo me tocó ver E.T. cuando era muy pequeño, así que con respecto a esta película, tuve suerte porque si bien me sigue pareciendo magnífica, tiene además un componente adicional sentimental que sobrepasa sus virtudes cinematográficas. Es posible que eso les ocurriera a los niños de los años 30 y 40 con El mago de Oz y es más que probable que es lo que Pixar esté sembrando en los niños de hoy en día.

La calidad de las películas no sólo es una cosa subjetiva porque esté sujeta a criterios individuales o el momento en el que te toca nacer sino que también depende de cómo tengas el día. Si estás deprimido y ves una comedia quizás acabes considerándola como una obra maestra. Si estás en uno de esos días eufóricos (creo que todos somos un poco ciclotímicos) y ves un drama puede que te acuerdes de todo el árbol genealógico del guionista. No somos neutrales. Somos como somos, humanos, y venimos con defectos de fábrica.

Alguien dijo que la felicidad no se vive, sino que se recuerda. Yo veía Toy Story 3 con mi hijo mientras comíamos palomitas o, en canario, cotufas. Y a veces lo miraba a él. Espero que en el futuro recuerde la película con un buen sabor de boca (y no me refiero a las cotufas) porque eso significará que habrá tenido un momento mágico. Como yo lo tuve cuando fui a ver E.T. con mis viejos.

Alberto García

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