Tomás Morales, el hombre del océano

Tomás Morales“El mar: el gran amigo de mis sueños, el fuerte

titán de hombros cerúleos e imponderable encanto”

Desde que recitara por primera vez sus versos en las tertulias madrileñas celebradas en la casa de la escritora Carmen de Burgos, el joven Tomás Morales dejó claro que su espíritu quedaría para siempre enraizado en las profundidades del Atlántico.

A pesar de que fue en Madrid donde sus inquietudes literarias empezaron a cobrar vida y a tener una mayor difusión, Tomás Morales fue siempre un poeta de agua salada. En Gran Canaria, su lugar de nacimiento, entabló amistad con otros poetas isleños de la época tales como Saulo Torón, Victorio Macho o Alonso Quesada. A partir de 1900, año en el que se traslada a Cádiz para iniciar sus estudios en Medicina, la proyección literaria de Tomás Morales parece cobrar una nueva dimensión en la vida del poeta. Allí conocerá a otro importante escritor canario, Luis Doreste Silva, y ampliará su círculo de amistades literarias al establecerse en Madrid para ampliar sus estudios. Tomás Morales entabla amistad con Ángel Guerra, otro escritor isleño que lo introducirá en los ambientes de las tertulias madrileñas, donde el poeta grancanario recitará por primera vez sus versos. Una de las reuniones más conocidas de la época era la que se celebraba con frecuencia en casa de la escritora “Colombine”, pseudónimo de Carmen de Burgos, y director de la Revista Crítica. Gracias a los contactos que obtiene en estas tertulias, Morales colabora con algunos de sus poemas en las publicaciones literarias de la época, entre ellas, la Revista Latina. Para cuando regresa a Gran Canaria, el escritor, que acababa de cumplir los 25 años, ya había publicado su primer libro.

Ya establecido en su isla, primero pasará unos años en Agaete y posteriormente se trasladará a la capital, ejerciendo su profesión de médico e iniciando su carrera política como vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria. Sin embargo, su muerte prematura a los 37 años truncarán tanto su avance en el mundo de la política como sus expectativas literarias, sin siquiera llegar a ver publicada la que sería su obra más importante, Las rosas de Hércules.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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