¿Todos fuimos Charlie Hebdo? Yo también soy cristiano

Drag Queen

Drag Sethlas

Para empezar, vaya por delante mi respeto democrático a los carnavales como institución, como espacio lúdico social, rompedor e iconoclasta, irreverente y protestón.

Soy consciente de que Don Carnal es así. Y ello, debido a que la tradición lo manda y el pueblo al  que en la antigua Roma se le daba “pan y circo”, hoy necesita de los mismos estímulos para aliviar tensiones ante tanta corrupción a los más altos niveles y tanto flagrante pitorreo (palabra compuesta de preso y de lo otro) al personal de clase media mayormente. Oséase: Los llamados sufridores, curritos, o pueblo llano. Vamos, los que no robamos, sino que nos ganamos el pan y pagamos impuestos con nuestro propio sudor no con el de otros.

Pero lo ocurrido ayer en Las Palmas de Gran Canaria, en la Gala de elección de la Drag Queen de 2017, traspasa ya todo lo antiestético y esperpéntico que de denuncia pueda tener el Carnaval, para caer en lo chabacano, en lo religiosamente irreverente, en la blasfemia gráfica a bocajarro, en la descalificación y atentado contra una creencia religiosa, porque sí, porque hay que ser original y diferente y ganar a toda costa, aún a costa de mofarse de lo más sagrado.

El ganador o ganadora, una tal Drag Sethlas, con una fantasía denominada “ Mi cielo, yo no hago milagros que sea lo que Dios quiera” satirizó y ridiculizó la misma crucifixión de Cristo, comenzando por el descenso, donde mientras la Sethlas vestida o desnuda de Cristo levantaba una de las piernas extendidas por artificiosos taconazos, una voz en off decía “acércate a mi y muérete de gusto”. Bonito ¿No?, estético ¿No?, demoledor, in, pop, y lo siguiente… ¡Mega hiper lo-que-sea!

Pero vamos a ver, ¿es que nos hemos vuelto ya tan locos? Supongo que los musulmanes que estuviesen viendo el “espectáculo” desde cualquier televisor del mundo (pues la gala fue transmitida a través de TV1 por el Canal Internacional vía satélite), los musulmanes serios, ya no los fanáticos terroristas, debieron de mirarse extrañados cuanto menos, si no muertos de risa, unos a otros. De modo que primero nos quejamos de atentados como el de Charlie Hebdo en Paris, para luego dar pie a blasfemias aún mayores que las publicadas en el diario pseudo-cómico francés, ¿y quedarnos tan tranquilos?

Y quien esto dice no es un colérico católico inquisitorial, que odia a los gays y les niega sus derechos elementales e incluso preconiza que la homosexualidad es una enfermedad y que hay que curarla. Quien esto escribe es miembro de una religión cristiana inclusiva, es decir, que defiende la igualdad entre todos los seres humanos, con independencia de la opción sexual que hayan elegido en su vida.

Pero es que una cosa es que el espacio carnavalesco de las Drag Queen sea un espacio de respeto e incluso de exaltación de la homosexualidad (únicamente masculina, por cierto, ¿no hay aún tanto progreso para un Drag Queen ella?) ante el pueblo que asiste entre morboso y divertido a ver cómo se visten y enseñan el culo unas mariposonas que dudo representen a los auténticos gays del mundo mundial. Y otra muy diferente, un acto de salvaje anti-religiosidad anti-cristiana que tiene mas de atentado terrorista yijadista que de festival de Drag Queens, dicho en resumen y a modo de crítica de buena voluntad. ¿Porqué siempre critican lo que no entienden?

“Me aburren los ateos siempre están hablando de Dios” (Heinrich Böll, 1917-1985).

Es justo que el Carnaval siga siendo -¡siempre!- del pueblo llano. Es justo que sea la única ocasión en que bajo el anonimato que brinda la mascarita se digan y proclamen reivindicaciones sociopolíticas que todos pensamos en nuestra vida diaria y que pocos se atreven a decir en voz alta fuera del recinto carnavalero. Pero de ahí a atentar contra lo más sagrado de una religión e ir pocos días después a la iglesia pegándose golpes de pecho, precisamente en los días en que conmemoramos la Pasión de Cristo…

Hemos perdido valores, no sólo aceite. Hemos perdido decoro, vergüenza, sanidad mental. Hemos perdido el norte. O “lo siguiente”. Nosotros, que no somos gays, ni lesbianas, ni transexuales, ni bisexuales, defendemos en cambio la igualdad de todos los seres humanos y la libertad de condición sexual cualquiera que esta sea, porque todos somos Hijos de Dios. De ese Dios cuyo Hijo se vio otra vez mofado, vejado y escarnecido en Las Palmas de Gran Canaria con motivo de la elección de la Drag Queen 2017, poco antes de conmemorar su Pasión y Muerte en la Cruz, en la Semana Santa.

¿Qué será lo próximo para divertir al personal del recinto carnavalero: ¿una orgía de vestales, un espectáculo de pedofilia o un sacrificio humano estilo maya o azteca? Total, ¿qué mas da? Todo está permitido en Carnaval.

Y luego que digan que los moracos de M… no sólo no creen en Dios, sino que vienen a invadirnos para imponernos su cultura y tradiciones. Y monten cruzadas para salvar el cristianismo. Cristianismo, ¡que está en peligro!

Ricardo Curto Núñez

 Iglesia Cristiana Reformista Ecuménica​

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