Tiziano Terzani, la rebelión interior

Tiziano Terzani“Yo quería contar a los demás lo que los demás no ven, no sienten, aquello cuyo olor no perciben”.

Su obra empieza a tener ahora más impacto en la literatura española tras la película de Jo Baier ‘El fin es mi principio’, basada en la novela homónima de Terzani que fue publicada por Terzani. Páginas y páginas de reflexión en una vida que nos revela que todo cambio debe empezar por uno mismo.

Hijo de padres humildes, nacido en un barrio de Florencia, becado por la Universidad de Pisa y posteriormente por la de Columbia, Tiziano Terzani fue un periodista de la casta de Kapuscynski, es decir, de esos periodistas -de los que ya no quedan- de los que se implicaron en la época que les tocó vivir.

El dinero nunca fue un impedimento para Terzani. Se las ingenió para conseguir los recursos necesarios para poner en marcha su plan de vida: viajar para contarnos cómo era el mundo. Apasionado por la cultura e historia de Asia, no dejó de llamar a las puertas de todos los periódicos que encontró para ofrecerse como corresponsal en China, y finalmente lo consiguió.

Tenía apenas 32 años cuando se trasladó a Singapur como periodista de un periódico alemán -su mujer, Angela Staude era de origen germano- y Malasia le sirvió como puente para acabar definitivamente en China en una época marcada por la Revolución Cultural.

Terzani era un acérrimo defensor de las ideas comunistas y un apasionado del maoismo -una doctrina de la que apenas se tenían referencias en Occidente- pero se encontró con un panorama totalmente distinto al que se esperaba. Sus escritos contrarrevolucionarios fueron muy críticos, lo que causaba un grave perjuicio a su familia -Angela y dos hijos pequeños que se habían trasladado con ellos a China-, pero Terzani seguía reportando con objetividad cómo era la vida cotidiana en China, un país que recorrió de punta a punta como corresponsal.

Finalmente fue apresado por las autoridades chinas que durante el mes que pasó recluido intentaron hacerle un ‘lavado de cerebro’. Finalmente, tuvo que ser expulsado del país: Terzani siempre fue una persona fiel a sus principios.

Durante casi un cuarto de siglo había sido testigo de grandes acontecimientos de la historia tales como el avance del comunismo, el desmembramiento de la URSS o la guerra de Vietnam. No es de extrañar que, después de haber sido testigo de muchas atrocidades, Terzani decidiera trasladarse con Angela a la India, país en el que toma contacto con una nueva espiritualidad.

Allí, siguiendo la profecía que un monje chino le había comentado dos décadas antes, iniciará un viaje por tierra y mar -nada de aviones- de algo más de un año, en el que tendrá tiempo para meditar acerca de las cuestiones importantes de la vida. De esta experiencia nace la crónica Un adivino me dijo, en la que el autor relata cómo se enfrenta a la profecía que había vaticinado su muerte y cómo en este enfrentamiento encuentra la liberación.

Sin duda, todas estas enseñanzas allanaron el camino del escritor cuando en 2001 se le diagnostica un cáncer de estómago que acabaría con su vida a los 66 años, el 28 de julio de 2004. Durante los últimos años de su vida, retirado con su esposa en una casa de la Toscana, el escritor preparará su último gran viaje: “la muerte es lo único verdaderamente nuevo que puede pasarme en la vida”, aseguraba Terzani con asombrosa abnegación.

El fin es mi principio es el resumen de todos estos últimos años de lucha contra la enfermedad, relatados en forma de conversaciones con su hijo Folco. Y es además una película deliciosa para darle alimentar el alma ahora que andamos escasos de verdadera espiritualidad.

 

 

Yo quería contar a los demás lo que los demás no ven, no sienten, aquello cuyo olor no perciben.

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