Titán, Titanic y Titania. Extrañas coincidencias.

TitanicTres gigantescos trasatlánticos enfrentándose a las fuerzas del destino.

Los investigadores la denominan ‘coincidencia de advertencia’: un hecho que directa o indirectamente está vinculado a otro por razones de fuerza, aunque se desconoce el origen de esta relación.

Muchas de estas extrañas coincidencias no tienen una base científica que las justifique: únicamente parecen suceder ‘porque sí’. Y es por ello que resultan cuanto menos curiosas y, en algunos casos, un tanto desconcertantes.

La relación entre el Titán, el Titanic y el Titania es un claro ejemplo de estas ‘coincidencias de advertencia’.

El Titán es el transatlántico protagonista de la novela de Morgan Robertson. Un gigantesco barco que se hundía durante su viaje inaugural, una fría noche de abril, tras chocar con un iceberg. La novela, publicada en 1898, acabo siendo toda una premonición: catorce años después, la noche del 14 de abril de 1912, el Titanic se hundía durante su viaje inaugural tras chocar contra un iceberg. La catástrofe, en esta ocasión, era real.

Pero todavía quedaba espacio para una tercera ‘casualidad’. En abril de 1935 un transatlántico llamado Titania cubría la ruta entre el Tyne y Canadá. William Reeves, uno de los tripulantes que se encontraba de guardia aquella noche, tuvo un extraño presentimiento: el Titania navegaba por la zona por la que los otros dos barcos –el de ficción y el real se habían hundido- cuando Reeves sintió que estaba a punto de producirse una nueva catástrofe. Sin saber muy bien las razones por las que lo hizo, Reeves dio la señal de aviso: “¡Peligro avante!”, evitando, por muy poco, que el barco chocara contra un iceberg y corriera la misma suerte que el Titán y el Titanic. Por si la coincidencia no fuera de por sí sorprendente, un dato más: William Reeves había nacido el mismo día del hundimiento del Titanic.

 

 

 

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