The End

Pulp FictionAlberto García

Lo que nos preocupa, tanto en el cine como en la vida, es el final. Nuestra existencia  gira alrededor de eso. Lo bueno del cine es que para conocer el final sólo hay que esperar dos horas. Lo bueno de la vida es que hay que esperar más.

This is the end, my only friend, the end… (The Doors)

Las películas, así como las novelas, son tremendamente misteriosas. Cuando una te gusta mucho, quieres que acabe. Cuando no te gusta nada, quieres que acabe antes. Así como la técnica cinematográfica se basa en un fallo de nuestra percepción visual, la narrativa quizá se base en un fallo de nuestra psicología media-cultural-occidental. Me pregunto si a alguien más zen le ocurrirá lo mismo. Quiero decir, ¿por qué no disfrutamos del cine en su plenitud a medida que las escenas van ocurriendo ante nuestros ojos? Disfrutamos de ellas con cierta impaciencia, con ansiedad de conocer el desenlace. Caminante no hay camino, se hace camino al andar. A ver quién es el guapo que logra aplicarse esta máxima machadiana y zen a un tiempo.

En cierta ocasión, un profesor de Filosofía me preguntó en medio de la clase algo relacionado con esto. Como conocía mi interés por el cine quiso saber mi opinión acerca de por qué vemos esas películas americanas que sabemos perfectamente cómo van a acabar y a pesar de ello no apagamos la tele. Respondí humildemente que creo que eso se debe a que cada escena es una película en sí misma. Con su principio, su desenlace y su final. Y lo que queremos es ver el final de esa escena. Ver cómo termina ese fragmento de la historia. Y luego pasamos al siguiente fragmento. El final de la película nos importa menos. Pero seguimos queriendo ver los demás finales de la misma.

Un buen final constituye un gran logro artístico. Sintetiza y condiciona todo lo que hemos visto, nos hace sentir aliviados, esperanzados, inteligentes o gilipollas. Quiero decir, podemos sentir que nos han tratado como tales. Hay películas cuyo final las enaltece porque hacen que en él cobren todo su sentido y hay otras cuyo final las empobrece. Puede que sea simplemente porque es lo último que ocurre y por tanto es el recuerdo más fresco que te llevas. O puede que la dignidad del conjunto esté establecida en el último acto. Es mejor morir de pie que vivir toda la vida de rodillas, dijo el guerrillero argentino. Qué habría pasado si el Che hubiera colgado las armas, hubiera montado una gran empresa y se hubiera dedicado a vivir de las rentas. No nos parecería lo mismo todo lo que hizo antes, ¿o sí? Esto me recuerda ciertas discusiones de pareja. La situación es la siguiente: tienes una pareja, sales con ella pongamos un sábado o un domingo. Pasas todo el día con ella. Por la mañana vas a la playa, comes en un chiringuito, por la tarde dan un paseo, haces el amor, te comes una hamburguesa, vas al cine. Un día perfecto. O casi. Porque cuando estás llegando a casa, al final de la jornada, discutes. Ella te dirá que el día no ha valido la pena. Tú dices que no, que el día ha sido maravilloso exceptuando la última media hora. Es la fuerza del final, que quizás también sea una cuestión de géneros.

Hay cineastas que creen que para que un final sea potente tiene que ser triste. Algunos de esos tipos son unos auténticos tocapelotas y unos aguafiestas. Recuerdo que cuando vi cierto remake americano de una película europea ocurrió eso. La película con sus más y sus menos era disfrutable, toda orquestada para que el débil público sintiera las punzadas de la emoción. Y yo también era humano, al menos en aquel momento. Pero llega el final y te matan al protagonista. Probablemente creyeron que aquello era un síntoma artístico, una señal de auteur o algo por el estilo. Para mí fue una putada.

En este punto advierto: si alguien no ha visto Pulp Fiction que no siga leyendo. No quiero que nadie me odie. Bien, los que sí han visto Pulp Fiction recordarán que se cargan a un gángster cuando nos hemos más que acostumbrado a este personaje, es excéntrico, divertido y está dotado de la buena oratoria con que el señor Tarantino esculpe a sus personajes. Y van y se lo cargan. Pero qué hace mister Quentin: acaba la película con Travolta Vivo. Siempre me pareció un juego maravilloso. Una idea apasionante con una carga vital, cinematográfica y filosófica de primer nivel. El personaje muere pero no muere. Eso es tener estilo.

Algunos de los finales más interesantes que he visto son los de Seven, Arlington Road, El fantasma y la señora Muir, por supuesto Casablanca o Bowfinger. Habrá muchos otros que no recuerdo en este momento pero esos desde luego eran muy buenos. No voy a decir por qué lo eran para mí ya que para ello tendría que contarlos. Los finales son una asignatura pendiente, hay que hablar de ellos sin hablar de ellos. Lo cual es realmente complicado.

No sé si en la vida el final es el comienzo de algo nuevo pero en el cine sí que lo es. Porque el final de una película sigue dando vueltas en tu cabeza una vez lo has visto. El de la vida, quién sabe…

 

 

 

Alberto García

 

 

 

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