Tenemos un problema

Carlos Castañosa

Tenemos un problema: ¿Por qué nos empeñamos en ver las cosas como deseamos que sean, y no como son en la realidad?

Para colmo, si alguien nos regala el oído con lo que deseamos oír y, por economía de energía intelectual,  lo aceptamos con resignación y sin condiciones, la confusión está servida. Porque el mensaje no se deposita solo como sedimento pasivo  en la persona que lo recibe, sino que se irradia con efecto dominó, pues la comunicación se ramifica hacia un número variable de receptores  que, a su vez, se convierten también en emisores de una información evidentemente subjetiva.

Pareciera que nos hayamos acostumbrado a convivir con la fantasía de criterios artificiales por razones de comodidad, manejados desde intereses ajenos al propio albedrío que, quizá debilitado por la buena fe, se hace vulnerable a una recepción extraña y paralela a la capacidad de razonamiento crítico, y a la asunción pasiva del flujo de informaciones y  datos sesgados y tendenciosos.

Las estadísticas, tendencias, números, porcentajes y demás zarandajas vertidas en declaraciones institucionales, donde el optimismo fingido pretende captar la benevolencia del ciudadano, suelen encontrar réplica contradictoria en el adversario político, para desconcierto y falta de confianza del consumidor imparcial de mensajes. Pero si se impone la querencia del receptor, que lo  inclina  hacia una u otra facción, digerirá la versión más afín a sus creencias o pretendidos ideales.

La vulnerabilidad de la “opinión pública” se configura desde una doble vertiente. De un lado, la buena fe de la colectividad ciudadana, con demasiados visos de ingenuidad acomodaticia. Por otra parte, el aprovechamiento implacable de sus debilidades para infundirle, desde el Poder, un adoctrinamiento maniqueo y premeditado mediante la aplicación masiva de técnicas de propaganda previamente diseñadas con formato de manual.

Un supuesto: Se inventa un problema para distraer la atención de los graves conflictos (económicos, sociales, políticos, humanitarios..,) de una población asolada por la ineptitud y mediocridad de sus gobernantes. Una vez planteado, se despliega toda la capacidad informativa  para polarizar la cuestión ofrecida como motivo fundamental, casi único, de beneficio colectivo. Se adoctrina a la “clientela” intentando influir en sus fibras más sensibles. Captada la voluntad de una mayoría, sumisa y resignada, se da una solución al problema artificial y, además, en gesto y alarde de espíritu democrático, se propone un referéndum, inviable por ilegal, para que, al respecto, “se conozca y cumpla la voluntad del pueblo soberano”.

Por fortuna, tanto a Artur Más con sus ínfulas independistas, que ni siquiera él cree, como a nuestro ínclito D. Paulino por lo de las prospecciones, (quizá su helicóptero vaya a pedales, o el coche oficial de cristales tintados funcione con pilas…), les está saliendo rana su intentona de manipulación que, cuanto menos, supone una flagrante falta de respeto hacia el pueblo soberano al que le deben pleitesía, que no un ejercicio abusivo de poder en beneficio único de sus intereses personales.

Y así es gracias a una sociedad civil que, aunque minusvalorada por estos fatuos “padres patrios”, es la única capacitada para resolver sus propios problemas, sin necesidad de intervenciones espurias ni artificios de circo para entretenimiento de niños pequeños.

¡Pónganse a trabajar como es debido!… ¡Ya está bien!…

 

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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