Temponautas, manipulando el tiempo

Viajar en el tiempoUna de las múltiples teorías que se plantean a la hora de explicar el avistamiento de objetos voladores no identificados es la posibilidad de que éstas sean naves pilotadas por humanos que nos visitan desde el futuro.

En estos temas siempre hay mucho de ciencia ficción y un componente importante de autosugestión y ‘ganas de creer’. No en vano, los viajes en el tiempo han sido una fantasía del género humano desde que éste es capaz de usa la imaginación como instrumento para el progreso.

Y es que viajar en el tiempo es una idea muy tentadora, exprimida hasta la última gota en el cine y la literatura y presente en el listado de los sueños más recurrentes de la Humanidad.

Ya desde comienzos del siglo XX Albert Einstein venía dándole vueltas a esta posibilidad en el ámbito de lo estrictamente científico. Y a pesar de que sus elucubraciones fueron diseñadas sobre el papel y a través de complejas fórmulas matemáticas, llegó a conclusiones reveladoras acerca de cómo el tiempo podría ‘manipularse’. Einsten enunció estas posibilidades dentro de su Teoría de la Relatividad Especial, publicada en 1905 y resumida de forma accesible para todos en una apunte tan sencillo como éste: “Pon tu mano en un horno caliente durante un minuto y te parecerá una hora. Siéntate junto a una chica preciosa durante una hora y te parecerá un minuto. Eso es la relatividad”.

Con Einstein se rompe definitivamente la concepción de un tiempo lineal, que no viene a ser más que una convención impuesta por el ser humano para dar orden a la realidad. Sin embargo, el tiempo no sólo no es lineal sino que es elástico, de manera que depende de la velocidad a la que nos movamos. En este sentido, todos los seres humanos -aunque a muy pequeña escala- seríamos por naturaleza ‘viajeros del tiempo’, ya que de forma remota hemos experimentado estas variaciones desde que nacemos. Los físicos Joe Hafele y Richard Keating fueron los primeros en contrastar empíricamente esta propiedad del tiempo: sincronizaron el reloj atómico de un laboratorio con el de una aeronave y comprobaron que, efectivamente, el tiempo en el reloj de la aeronave había transcurrido más despacio.

Ahora bien, al hablar de los viajes en el tiempo nos encontramos con otro problema, también contemplado por Einstein: nada puede viajar a una velocidad superior a la de la luz -es decir, a más de 300.000 kilómetros por segundo- y esta sería una condición indispensable para notar de forma sustancial ese acortamiento del tiempo que permitiría desplazarse en el espacio. Bueno, esto y la complejidad de fabricar una máquina capaz de alcanzar esta velocidad.

Y aquí es cuando entran en juego todos los factores especulativos acerca de la posibilidad real de viajar en el tiempo. Sin pruebas contundentes que soporten el peso de estas teorías, hay numerosas corrientes pseudocientíficas que coinciden a la hora de afirmar que gran parte de los OVNIs que se avistan en la actualidad son naves tripuladas por ‘temponautas’ del futuro que han atravesado la barrera espacio-temporal con una avanzada tecnología que la Humanidad todavía desconoce.

Por otro lado, y desde un punto de vista empírico, recientemente una investigación japonesa dirigida por Shengwang Du y publicada en Physical Review parece haber desmantelado esta ilusión al confirmar que una unidad de luz -es decir, un fotón- tomado de forma individual es incapaz de superar la misma velocidad de la luz en su conjunto, de lo que se deduce que los viajes en el tiempo -al menos hasta que se demuestre lo contrario- quedarán restringidos a la imaginación, pero no a la Ciencia.

 

 

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