Tásame mucho…

Tasas aeroportuariasLos sistemas de venta por Internet nos permiten actualmente organizar nuestro tiempo de ocio sin necesidad de hacer colas. Antes de llegar a la taquilla del cine o del teatro o al mostrador de una agencia de viajes, uno ya puede tener su entrada o billete en la mano, lo cual supone un importante ahorro de tiempo, aunque el tiempo, también se paga.

Comprar pasajes de avión por Internet es una de mis aficiones secretas. Y digo “secretas” porque en algunas ocasiones ni siquiera tengo intención de comprar un billete, pero necesito saber que estoy a un click de subirme en un avión hacia un nuevo destino.

El caso es que, cuando uno busca por Internet la oferta de su vida, pude pasarse horas contrastando precios entre una página y otra, cambiando fechas, horarios, compañías aéreas… y, en definitiva, haciendo malabares para rascar algunos euros del temido “precio final”, que suele distar bastante del presupuesto inicial que se nos ofrece.

Pero me gustaría que alguien me explicara el concepto de “Gastos de gestión” en un servicio en el que el usuario es el que pone el ordenador, la electricidad y el papel en el que finalmente imprime su resguardo. Un servicio en el que no hay ningún operador físico que me explique paso a paso qué es lo que debo hacer, que me asesore en mis elecciones o que resuelva mis dudas de forma inmediata cuando no entiendo el contenido de lo que estoy a punto de comprar. Por la “emisión” de un billete electrónico me han llegado a cobrar hasta 20€ -¡¡arriba las manos!!-, un gasto que se incrementa con una interminable lista de tasas que uno corre el riesgo de abonar ingenuamente si no se percata de que “por defecto” la web selecciona todas las opciones habidas y por haber: seguro de equipaje, cambio de billete, elección de asiento, facturación de maletas, etc…Y para rizar aún más el rizo, resulta que me cobran una media de 4€ por pagar, por utilizar una tarjeta que no es la específica de la compañía que me vendo el billete -y no es una errata porque, al fin y al cabo, el pasaje me lo “vendo” yo a mí mismo-.

Sin duda, en el tema de los billetes de avión el abuso es más que descarado. Pero no olvidemos que también se nos cobra entre uno y dos euros de más al adquirir por “taquilla virtual” entradas para un concierto, para una obra de teatro o para el cine. Y aunque la cantidad no parezca tan significativa, en proporción nos están sablando más que si compráramos un paquete de vuelo a Hong Kong.

Pero así funciona el autoservicio del ocio: cada vez requieren de menos personal para gestionar estos servicios, el cliente se convierte en su propio vendedor y tanto las personas como los espacios físicos desaparecen. Ahora dicen que las compañías aéreas prevén un aumento de sus beneficios. ¿Y a alguien le sorprende?

Vagabundo Pérez

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