‘Tan fuerte, tan cerca’

Tan fuerte, tan cerca

Toda búsqueda es una aventura.

La novela de Jonathan Safron, adaptada al cine por el director Stephen Daldry –El lector, Las horas- y con guión de Eric Roth, es casi tan deliciosa como su versión literaria. Hablamos más que nunca de una ‘adaptación’, pues la película no se ciñe estrictamente a la obra, pero sin duda tiene momentos que la superan y otros aspectos en los que tal vez se queda demasiado en la superficie. En este sentido, la película y la novela parecen ser, más bien, dos obras complementarias: lo que echamos en falta en una lo encontramos en la otra.

Por fortuna, Oskar Schell es el personaje estrella en las dos versiones y su magnetimo es igualmente atrapante sobre el papel que en la pantalla. Thomas Horn –ganador del premio de la Broadcast Film Critics Association por este papel – interpreta a este joven tan especial, con ciertas dificultades para enfrentarse a las relaciones sociales y demasiados miedos como para ser un niño común. Pero son precisamente estas particularidades las que le hacen ser una persona extraordinaria, capaz de dedicar tardes enteras a resolver los enigmas que su padre le va planteando con el objetivo de que Oskar se abra al mundo.

Pero este proyecto compartido se derrumba cuando el padre de Oskar –Tom Hanks, Náufrago- fallece durante los atentados del 11 de septiembre, dejando al muchacho en una situación compleja y con un último enigma por resolver. A partir de aquí arranca la aventura vital de Oskar, que se enfrentará a nuevos retos en su vida, entre ellos, el de poder convivir con un secreto que no le deja ser feliz y el de encontrar una forma de liberar todos los recuerdos contenidos.

La aventura de Oskar es una catarsis colectiva con ‘efecto dominó’ en la que una simple llave transformará la vida de muchas personas. En este sentido, el intenso final entre madre –Sandra Bullock, Crash- e hijo, supera el dramatismo de esta parte de la novela, si bien la cinta se queda a medias a la hora de relatar la relación entre Oskar y su abuela materna, quien a su vez tiene una maravillosa historia de pérdidas y reencuentros a sus espaldas.

En resumen, el trabajo de Daldry y Roth adaptando este ‘experimiento literario’ de Safran, es merecedor de que pasemos por la sala de cine, porque a pesar de que la historia de Oskar es desgarradora, está narrada con la dulzura con la que el propio protagonista contempla el mundo, desde la madurez de un adulto pero sin perder la inocencia de un niño que tiene el don de hacernos sentir especiales.

Celina Ranz Santana

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