También se apuntan al carro

Carlos Castañosa

Hasta la todopoderosa Coca-Cola, multinacional por excelencia, empresa brillante cuyos éxitos financieros trascienden fronteras con su genial fórmula del jarabe mágico. Secreto secularmente guardado para solaz y disfrute de paladares adeptos  al cubata, bien de gin o el original de ron blanco. O como  inocente refresco que no quita la sed pero sí el sueño y, además, “engancha”…

Pues también este negocio foráneo y redondo, instalado en nuestra geografía con diversas plantas embotelladoras, ha decidido adscribirse a la denigrante Reforma Laboral, decretada por los responsables al servicio del pueblo soberano, al que en cambio, sojuzgan, esquilman, engañan y maltratan a costa de los intereses espurios de una casta dirigente cuya prioridad es el poder y la protección de quienes lo detentan, para  hacerse sitio todos en el mismo carro.

Para colmo, si a algún desaprensivo no le tiembla la voz para declarar públicamente que… el mayor logro social de esta legislatura es la Reforma Laboral… a la falta de  respeto, menosprecio y vejación que supone para la dignidad del Pueblo, hay que añadir el escarnio para las víctimas y la desvergüenza de quien anda sumergido en la corrupción del segundo país de Europa más afectado por el latrocinio institucional, el nepotismo y las contumaces chorizadas.

Sería de tontos, en un país tan vulnerable, que una empresa del calibre de Coca-Cola (Fanta, Nordic  y otros productos incluidos), no aprovechase el tercermundismo de unas lamentables condiciones laborales que, con impunidad y “por cuatro perras”, le permiten “recortar personal” gratuitamente. No por problemas de rentabilidad, que la disfruta sobradamente, sino para cultivar la avaricia sobre unos beneficios dignos, que dejan de serlo para devenir en salvajada inhumana, en regreso paulatino hacia las condiciones laborales previas a la Revolución Industrial. Cuando se asimilaba el concepto de puesto de trabajo al de esclavitud legalizada.

Ante tan desolador panorama, conviene reconocer que solo la sociedad civil está capacitada para resolver sus propios problemas. La evidencia de que la casta política está instalada en otra esfera de valores, ajenos y alejados de la dignidad del Pueblo al que en teoría representan, es la población, cuya resignación colectiva ante los desmanes oficiales tiene un inexorable límite, la que de momento ha de utilizar sus propios  medios de autodefensa. Al menos, hasta que esto reviente.

Seamos prácticos. Solo reaccionamos cuando una barrabasada oficial nos afecta directa e individualmente, sin percatarnos de que el daño al vecino nos salpicará antes o después. Hay un concepto que puede convertirnos en arma colectiva de eficacia total. Es la solidaridad.

En el caso de las embotelladoras, a partir de la información masiva que puede convocar voluntades a través de la redes sociales, si durante una semana, un mes, un año, todos, sin excusa, decidimos borrar de un plumazo la compra de productos cocacoleros (no nos pasaría nada por eso), el escarmiento para los explotadores sería aleccionador y quizá definitivo.

¿Nos imaginamos si el éxito de esta campaña pudiera ser un primer paso para otras actuaciones similares? ¡Seríamos los amos! Además, la SOLIDARIDAD con mayúsculas, es un procedimiento magnífico para evitar el inevitable estallido social.

Nosotros lo sabemos y podemos. Ellos, inútiles y dealmados, ni saben ni quieren…

Me gustaba bastante, pero me ha entrado una aprensión definitiva por la Coca-Cola.

 

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

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