Y aquí no ha pasado nada…

Un verdadero acto de valentía no tiene por qué ser portentoso, ni mediático, ni tan siquiera trascendente. Un acto de valentía es asumir con entereza las consecuencias de nuestros actos por el simple hecho de que con él estamos defendiendo lo que pensamos. Desde la “ilegalidad”, un grupo de activistas prosaharauis defendió pacíficamente sus principios. Desde la “legalidad”, un grupo de policías marroquíes arremetió contra ellos y todo un Gobierno silenció esos actos. ¿Quién es aquí el valiente?