Supersalidos

SupersalidosYa saben aquello de que a las chicas lo que les enamora es que les hagan reír. Eso lo dicen todas, incluidas las supermodelos y super-actrices. Esas que luego salen con super-hombres con físicos explosivos. A excepción, quizás, de Kate Moss, que debe de tener unos novios muy graciosos.

Al margen del comentario famosil, sí creo que una de las cosas más nobles que se puede hacer por los demás es hacerles reír, básicamente porque se trata de una emoción que proporciona felicidad pura y dura. Cuando uno ríe a carcajadas, uno es feliz. Quizás sea el único momento en que lo seamos en toda su plenitud.

Así que tenemos Superbad (en español Supersalidos) una comedia del año 2007 que te hace partirte de risa continuamente. Superbad es una película muy recomendable aunque sólo fuera por su valor terapéutico. Se trata de un film de lo que se ha dado en llamar la factoría Apatow en algún artículo que he leído en algún sitio. Esta es una película concebida al modo en que se hacían aquellas comedias americanas de los años ochenta. Películas de jóvenes, muy generacionales y llenas de aventuras a cada cual más disparatada y todo unido mediante un ritmo trepidante.

No es un concepto impostado. Cuando terminó la película fue cuando me di cuenta de que las posibles referencias de esta historia estaban en aquella época y aquel género. No me percaté que estaba estructurada de esa manera durante el visionado porque la película no permite ese tipo de análisis mientras se ve. No lo permite porque estás ocupado haciendo otra cosa: riendo.

Intuyo que debe de haber una parte de la crítica ya sea profesional o popular a la que debe de molestar el tono humorístico con el que juegan estos magníficos cómicos ya que se trata de un humor verdaderamente soez, deslenguado, políticamente incorrecto. Sin embargo creo que cuando el humor es realmente de esta categoría alcanza un grado artístico muy superior que pasa desapercibido. Llega a ser algo realmente profundo, diría espiritual. Es lo que ocurría en su grado máximo con la película Borat y, afinando aún más, en la fantástica secuencia de la cama con los dos hombres desnudos. Era tan soez, tan desagradable, tan rocambolesca, tan surrealista y delirante que traspasaba las fronteras de lo zafio para convertirse en algo mucho más elevado. Es una cuestión de inteligencia, de una especie de hiper-conciencia de lo artístico: Cuando se hace un humor soez porque no se sabe hacer otra cosa o porque lo único que te hace gracia es oír a alguien tirarse un pedo, eso no es más que humor fácil y populachero. Pero cuando se traspasan todas las fronteras imaginables, ya es otra cosa. Es Arte. Sí, con mayúsculas. Lo digo sin ningún pudor. Y eso es tan inteligente como lo son los mejores sketches de los Monty Phyton o de Les Luthiers, ambas formaciones a las que adoro.

La factoría Apatow juega en esa liga de lo políticamente incorrecto con gran acierto y creo que en gran parte se debe a que disfrutan con lo que hacen más que a un afán puramente taquillero. Creo que tienen unas mentes más en armonía con el cosmos que cualquier pseudo-intelectual que practique meditación para que le vean desde otra ventana. Se nota que se divierten y que eso no les supone ninguna confrontación con lo que normativamente se entiende como arte. Probablemente porque les da exactamente igual cómo quieran catalogarles.

Yo les agradezco profundamente que me proporcionen de vez en cuando pequeñas porciones de felicidad.

Alberto García

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