‘Super 8’, volver a la infancia

Super 8Las tardes interminables, la bicicleta, el walkman, la inocencia, los planes de una pandilla de niños que aún puede coquetear con la idea de una madurez todavía lejana, inalcanzable. ‘Super 8’ es un fotograma detenido en el tiempo, con la esencia de la infancia que todos queremos recordar.

J.J.Abrams -creador de series como Lost o Fringe– nos ha tomado un poco el pelo con el trailer de su primera película como director. Pero es un engaño admisible que cumple el requisito que deberían cumplir todos los trailers: hacer que te entren ganas de ver la película sin destriparte todo el argumento en dos minutos.

Sin embargo, con el nuevo cartel promocional el director ya nos daba una pista acerca del tipo de película que había hecho. Se trata de un cartel “como los de antes”, con un aire muy ochentero que recuerda de refilón a esas películas de pandilla que con el paso del tiempo se han convertido en un auténtico tesoro -y aquí es cuando a todos se nos viene a la mente Los Goonies-.

Super 8 es una película para jóvenes y adultos -sobre todo para adultos nostálgicos- protagonizada por niños. Por ese tipo de niños que saben interpretar y que logran hacerte parte de su universo de inocencia, aunque a estas alturas la inocencia se nos quede ya un poco lejana. Y además es una película de aventuras, de misterio, de amistad y de crecimiento personal. Todo ello construido sobre unos valores que no resultan remanidos porque, sobre todo, es una película para todos aquellos que necesitan creer en algo.

“Yo te quiero. Yo te entiendo”, repiten dos personajes diferentes en dos de los momentos más importantes de la trama. Es el resumen de lo que todos los humanos -y, al parecer, los no tan humanos- necesitamos para sentirnos completos, capaces y libres.

Todo comienza cuando un grupo de niños se convierte en el único testigo directo de un espectacular accidente de tren cerca del pueblo en el que residen. Esos minutos de tensión al comienzo de la película son suficientes para que la trama tenga empuje hasta el final, con las correspondientes pinzas dramáticas de todo buen argumento, que nos irán aportando datos acerca de cómo son los personajes y qué podemos esperar de ellos.

A raíz de este incidente -que pilla a los niños en un lugar y en un momento en el que no deberían haber estado- el pueblo se convertirá en el escenario de extraños sucesos: robos insólitos, desapariciones, animales que huyen a otros condados… Este ejército de preadolescentes tendrá que enfrentarse a las limitaciones propias de su edad y a las impuestas por el curso de los acontecimientos para ayudar a esclarecer las causas de todos estos sucesos.

Abrams utiliza la inocencia infantil como motor para que los personajes circulen por la trama enfrentándose a situaciones que dentro de la lógica de un adulto no tendrían lugar. Así pues, es necesario ponerse en la piel de esos niños, ver y pensar como ellos, y estar tan predispuestos a la imaginación como a tomar las riendas del problema para encontrar una solución.

A pesar que a esta pandilla le pasa de todo -y ‘todo’ implica hasta sentir el aliento de la muerte en la cara-, me hubiera gustado estar allí aquella noche en la que cambió todo, aunque solo fuera para tener un recuerdo nítido del momento exacto en el que empezamos a ser adultos.

Celina Ranz Santana

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