‘Solo los amantes sobreviven’

‘Solo los amantes sobreviven’Dos horas que duran toda una eternidad.

Soy consciente de que ver una película de Jim Jarmusch nunca va a ser como ver Rambo o Jungla de cristal. Pero la tediosa historia de Solo los amantes sobreviven y su manera de narrarla, arrastrando los pies con pesadumbre por el eterno desierto de la contemplación es más exasperante de lo que estaba dispuesta a soportar.

Con todo, aguanté estoicamente este nueva muestra de ‘cine independiente’ que, al parecer, es ese cine que se hace para los que rinden culto a sus directores como si fueran auténticos visionarios.

Solo los amantes sobreviven es la historia de una pareja de vampiros que lleva muchos siglos conviviendo con personas normales y corrientes, siendo testigos de su pérdida de humanidad. Para relatar esta visión pesimista del género humano y la fatalidad hacia la que está abocado su destino, Jarmusch -como siempre-  se va por las ramas hablándonos de mil cosas sin sentido para que digamos “Pero qué listo eres”. Así, en este ejercicio de pretenciosidad, hará constantes referencias a filósofos, científicos, músicos o escritores que sin duda harán las delicias de los culturetas. El ritmo lento y contemplativo de la película está orientado a ese tipo de público que disfruta con las cargas pesadas –cuanto más gordas y más pesadas, mejor- pero a mí sinceramente no me ha compensado emplear dos horas de mi vida esperando a encontrar un mensaje trascendental en su argumento. No entiendo esa fijación de llenarse los bolsillos de piedras cuando se quiere hacer una larga caminata. Si Jarmusch quería contar ‘una de vampiros’ y lucirse, a mí no ha conseguido ‘transformarme’. Sin duda me quedo con Byzamtium, infinitamente más atrapante y con una narración que no tiene nada que envidiar al redundante oscurantismo de Solo los amantes sobreviven. Lo difícil es sobrevivir a esta película sin cabecear.

 

Celina Ranz Santana

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