‘Sin rastro’

GoneFallido intento de thriller que transcurre sin dejar huella.

La película de Heitor DhaliaA la deriva– es un despropósito de principio a fin. Aunque durante los primeros minutos se mantiene abierta una brecha de esperanza en el argumento, a poco que avanza la historia nos damos cuenta de que la cinta no conduce a ninguna parte. Por lo menos, no al lugar al que merece la inteligencia del espectador.

Cuando veo películas de este tipo me pregunto en qué piensan verdaderamente los guionistas o cuáles son las pretensiones reales del director. Pienso en la cantidad de dinero que se ha invertido en sacar adelante un proyecto como éste y en el escaso alcance de lo que se ha querido contar.

Por supuesto que no todas las películas están destinadas a hacer historia, pero algunas parecen esforzarse en quedar en la memoria como ‘una película mala de verdad’. Éste es el caso de Sin rastro, la historia de una joven que decide investigar por su cuenta la desaparición de su hermana al mismo tiempo que la policía le sigue la pista al considerar que sus problemas psicológicos pueden suponer una amenaza para la sociedad.

Pero la verdadera amenaza social es que existan películas como ésta, sin pies ni cabeza, con un final tan absurdo como previsible e incapaces siquiera de jugar al engaño de una manera como mínimo entretenida. Aparte de los desvaríos de la protagonista y de su facilidad para mentir cada vez que abre la boca, nada hay de destacable en esta película a la que le sobra diálogo –porque si no hay nada interesante que decir es mejor mantener la boca cerrada- y personajes que no sirven ni de relleno.

Sin rastro es una película sin sentido y sin identidad.

 

 

 

Celina Ranz Santana

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