‘Sin Límites’, el poder de la mente

Sin límitesUna diminuta pastilla transparente es capaz de convertir al desafortunado Eddie Morra en todo un triunfador. Pero, como suele suceder, lo que se consigue con facilidad se puede perder con la misma rapidez. Sobre todo cuando las reglas del juego las imponen aquellos que no están preparados para tanto poder.

Lo mejor de esta película, que tal como se plantea en la sinopsis podría parecer algo cercana a la ciencia ficción, es que nunca se pierde el contacto con el mundo real. A pesar de que el detonante de la historia es algo tan increíble como una droga de diseño que consigue desarrollar el coeficiente intelectual de quienes la consumen, lo cierto es que todo se desarrolla en el plano de un mundo real en el que no tardará de aparecer el conflicto moral que subyace en todo este asunto.

El caso es que un buen día, Eddie Morra -un aspirante a escritor que acumula fracasos personales y profesionales- prueba la susodicha pastilla y su mundo empieza a cambiar. Como Eddie -interpretado por Bradley Cooper, de Resacón en las Vegas o El Equipo A– no es un mal tipo, se aprovecha de sus nuevas capacidades para incrementar sus relaciones sociales y dar un empujón al proyecto de su novela hasta que un día tiene una ‘revelación’ y toma conciencia del alcance de sus nuevas capacidades y de la oportunidad que tiene de hacer ‘algo grande’ en beneficio de todos.

Iniciará entonces una trayectoria a medio camino entre lo legal y lo ilegal en la que acompañará a uno de los grandes inversores de EE.UU, el magnate Carl Von Loon -Robert de Niro-. Pero si las cosas se complican en el ámbito de las finanzas, más aún se tuercen en lo personal: la droga ‘mágica’ de Morra tiene sus efectos secundarios y, además, empieza a escasear.

Sin Límites es un thriller interesante que engancha desde el planteamiento de la trama, probablemente porque la idea de volverse tan inteligente sin esfuerzo resulta muy atractiva. Pero conforme avanza el argumento, la historia se va complicando y aparecen una serie de subtramas que mantendrán la emoción hasta el final.

Desde el punto de vista narrativo, destaca el flashback desde el que se cuenta la historia y que en el momento crítico de la trama coincide con el tiempo real de los acontecimientos. Y desde el punto de vista visual, hay unos cuantos efectos de zoom vertiginoso que imprimen velocidad en el ritmo y que hacen que la vida del protagonista se precipite hacia el vacío en varias ocasiones.

Una buena historia donde ni el tiempo ni la cordura son capaces de ponerle freno a la voluntad de un individuo decidido a cumplir sus metas y en la que todos los límites están dentro de una diminuta pastilla transparente.

Celina Ranz Santana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.