Simplemente, Woody Allen

 Woody AllenTodo debió de empezar a mis catorce años. Tuvo que ser por esa época. No sé cuál fue la primera película que vi de él y no sé si fue en el cine, en la televisión, comprada como una película de VHS o grabada en dicho formato (que era el que había) y prestada por un amigo. No lo recuerdo. Pero ahí mi vida giró.

Siento no tener un idilio más raro, un amor más freak, una atracción hacia algo más marginal, pero qué le vamos a hacer… A mí lo que me pone son las películas de Woody Allen. Por otro lado, tampoco es que sea un autor de masas, precisamente. Recuerdo perfectamente ver Sombras y Niebla en el extinto Cine Víctor junto a un colega. Repito: Sombras y Niebla junto a un colega. No había nadie más. Y si había alguien no hizo mucho ruido. Es curioso eso que dicen de que las salas de exhibición están en crisis y que el cine en general lo está, porque esta experiencia de ver una película en soledad o casi en soledad yo la he experimentado en unas cuantas ocasiones mucho antes de haber siquiera escuchado la palabra “Internet”. De hecho, para mí lo extraño es que el cine esté lleno. Quizás el cine siempre ha estado en crisis, como el teatro.

Woody Allen creo que siempre se ha sentido pequeño, un tipo que prefería haber tenido el talento de Arthur Miller o de Ingmar Bergman, haber destacado por hacer lo que él considera “películas serias” como si la comedia no se pudiese catalogar como tal. A mí me gustaba Bergman cuando empecé a ver sus pelis por aquello de querer conocer a uno de los grandes para conseguir una formación cinematográfica sólida, pero no estoy muy seguro de que sus películas superen con eficacia la prueba del tiempo (tampoco sé si esa prueba tiene tanta legitimidad como dicen, la verdad). En cuanto a Miller, su obra La muerte de un viajante me pareció un poco tostón y la película Vidas rebeldes (The Misfits) una historia realmente sólida y conmovedora. Aunque quizás lo que mejor hizo el escritor fue acostarse con Marilyn Monroe. Yo si fuera Woody Allen sí le habría envidiado eso. Tampoco la vida amorosa de Bergman estuvo nada mal, al parecer.

Las comedias de Woody Allen son un género en sí mismas. Y nadie, excepto él, sabe moverse en las aguas de ese género. El director, mediante una humildad tan enorme que parece ilógica, dice no haber influenciado sobre ningún cineasta, no haber creado escuela. Está del todo equivocado. Yo he visto un buen puñado de películas influenciadas por su manera de hacer. El problema de esto es que es muy difícil dejarse influenciar por su modo de hacer comedia de una manera natural y no impostada, es decir, aprender cierto estilo y dejarse impregnar por una atmósfera determinada, entre otras miles de cosas, así que los que quieren hacer películas a su modo lo que acaban haciendo es intentar hacer películas como si las hubiera concebido el propio Allen. Recuerdo una en concreto, Miami, de no sé qué director y en la que actuaba nuestro Antonio Banderas. A mí personalmente me ha influenciado en un muy alto grado pero siempre he pretendido aprehender su técnica de construcción de chistes porque su universo, al menos parte de él, simplemente lo comparto. Lo compartimos muchos. Si se piensa, tampoco es tan difícil coincidir con alguien preocupado por la muerte, por la religión o por la complejidad de las relaciones de pareja. Amén de otros muchos temas filosóficamente excitantes, como es el  del artista y su proceso creador.

Son muchísimos los aspectos que se pueden tratar al hablar del cine de este hombre, tanto por el rico contenido de sus variadas propuestas como por el inmenso número de películas que ha hecho, sin contar sus relatos, obras de teatro, etcétera. Y éste no es el lugar. Lo mismo un día me animo a escribir un libro sobre el cine de Woody Allen. Algunos pensarán que un tipo que escriba “lo mismo un día me animo a escribir un libro sobre el cine de Woody Allen” no debería acometer tremendo reto. Pero es que yo soy muy callejero, y lo mismo veo una película de Tarkovski como me quedo embobado mirando un graffiti. Bajo efectos de algún psicoactivo puedo incluso ver a la Estéban en televisión. Menos mal que sólo suelo fumar Marlboro.

Imagino que en otoño nos llegará la última película del neoyorquino, y para entonces él seguramente tendrá una o dos más ya completamente rodadas. No sé si será una de esas de esas que le salen “fáciles”, cosa que él reconoce en cuanto a sus comedias más ligeras. Espero que no pero en cualquier caso iré a verla al cine. Aprovechemos para hacer una reivindicación, hoy me he levantado rebelde: Quiero una sala en versión original subtitulada en Tenerife. Estoy dispuesto a quemar bidones de basura y a hacer barricadas si no me lo conceden.

Bueno, lo mismo no lo hago pero ahí queda mi protesta.

Larga vida al pelirrojo.

Alberto García

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