Si una peseta me diera cada europeo…

Al final, Lola Flores tenía razón. Su argumento, tomado entonces a la ligera, resulta que ahora lo aplican sin reparos las cabezas pensantes de esta gran Europa.

Pero hasta la proposición de ‘la Faraona’ –“si una peseta me diera cada español”- me parecía más justa. Hubiera preferido rescatarla a ella –por voluntad propia- de su evasión de impuestos que rescatar a unas entidades financieras que, además de haber estado especulando con mi dinero –bueno, tal vez con el de ustedes, porque de mí nunca pudieron rascar mucho- ahora pretenden que seamos nosotros los que paguemos el pato. Pato a la naranja, acompañado con el mejor vino de reserva en el restaurante más caro de la ciudad, que es donde siempre se han cerrado los grandes pactos políticos de ésta España nuestra –bueno, de ustedes, porque a mí se me han quitado hasta las ganas de ser español-.

No quiero estar ni con los ‘sociatas’, ni con los ‘peperos’, ni con los ‘indignados’. Me gustaría estar, sencillamente, con los ciudadanos cabreados, sin banderas, sin himnos y sin afiliaciones políticas. Con los que un día se levantan y dicen ‘ya está bien de tanto cachondeo’ y esa rabia individual se une a otras muchas rabias, porque el descontento imantado de los polos opuestos es lo único que puede unir las ideas irreconciliables de la izquierda y la derecha y modificar la nomenclatura errónea de los conceptos que decoran nuestra política.

No quiero que me engañen tomando las decisiones importantes los días que hay final de fútbol, de tenis o de fórmula 1. Ni que me vendan los triunfos de ‘la Roja’ como una victoria de todos los españoles. Ni que los Carnavales, los Sanfermines, las Fallas o la Feria de Abril se conviertan en la panacea a todos nuestros males existenciales. No quiero que las ideas se encasillen en un bando y se defiendan desde la tautología de los que son de derechas porque son de derechas y los que son de izquierdas porque son de izquierdas. Pero me da la sensación de que nos quedamos sin mentes pensantes y que el país es una bolsa de frutos secos, de cerebros como pasas que se conservan solo por el regusto dulzón de otros tiempos que debieron ser mejores, incluso para los que nunca han tenido malos tiempos.

Según el censo de 2011, en España hay 47.190.493 de habitantes. Antes de que acabe el mes, Europa inyectará 30.000 millones de euros a las entidades financieras del país para que saneen sus cuentas. Y es solo el ‘adelanto’ de una ayuda que podría alcanzar los 100.000 millones de euros. Yo nunca fui hombre de números, pero veo claras las cuentas de Lola Flores: si el dinero de ese adelanto fuera a parar a los desahuciados, los parados, los pensionistas, los ‘emprendedores’ sin opciones o los becarios… tal vez sería más justo hablar de ‘rescate’. De momento lo que tenemos es una mano tendida a quienes son responsables en gran medida de esta situación. E indirectamente todos avalamos ese préstamo con el dinero que no tenemos.

Las cuentas de la lechera son de una lógica aplastante y, aunque solo fuera para tener algo en lo que pensar, deberíamos aplicarlas con más frecuencia. Además, por qué no… Si así es la economía española: economía de peineta y traje de faralaes porque, en el fondo, nos va la fiesta.

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Vagabundo Pérez

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