Si esto no se arregla…

Huelga funcionariosBajo la consigna de “Si esto no se arregla, huelga, huelga, huelga…” los funcionarios –un 12 por ciento del total según los datos del Gobierno y un 70 por ciento según los sindicatos- ejercen su derecho a la huelga en una jornada que, a mi juicio, tiene mucho de criticable.

Por menos podría haber una huelga general. Por menos la gente podría echarse a la calle con pancartas, con consignas de su propia cosecha no asociadas a las siglas de ningún sindicato vendido al Gobierno de turno y a los intereses de unos pocos. Salir y gritar porque sí, porque uno está harto de esta situación, porque es insostenible y porque nos hemos cansado de esperar por soluciones que llegan a cuentagotas y que a nadie parecen convencer.

Sin embargo, que los funcionarios salieran a la calle durante la jornada de ayer no me parece ningún hecho precisamente loable. Me parece únicamente que ahora que le han visto las orejas al lobo y que les van a dar donde más les duele, ahora sí tienen un motivo por el que reclamar. Por supuesto, habrá de todo dentro de este amplio grupo –y cada vez más abundante- del funcionariado nacional en el que figuran los que simplemente mueven papeles de un lado para otro –y muchas veces los pierden- y los que resultan realmente productivos. El caso es que hasta que no se les ha hablado de la reducción de sueldos en un cinco por ciento, aquí nadie ha dicho ni mu. Porque ésta es una actitud muy española y especialmente funcionaria, la de pasar absolutamente de todo a menos que me afecte directamente.

El caso de la huelga de ayer me resulta, cuanto menos, curioso. Ahora que los funcionarios se han visto afectados, se deciden a hacer ruido y pretenden tirar con ellos de todos los demás. Curiosas también han sido las reuniones de determinadas empresas de capital público y privado en las que sus trabajadores son “funcionarios” para lo que conviene, más si se trata de una reducción salarial. Y curioso también es que los sindicatos se sigan entreteniendo en minucias sectoriales -ahora estos, ahora los otros, ahora seguimos negociando- cuando lo que demanda la situación actual es la convocatoria de una huelga general porque aquí no vale el cada loco con su tema.

Mientras tanto, creo que mi espíritu huelguista seguirá atrofiado. Creo que no saldré jamás a la calle enarbolando la banderita roja de un sindicato ni gritando consignas ridículas pero pegadizas –a veces hasta gramaticalmente incorrectas- que nunca pasarán a las listas de grandes éxitos de movilizaciones sociales. Lo único positivo de estos previos es que el ambiente se caldea, pero no sé si serán los calores del verano o la verdadera voluntad de que cambien las cosas.

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Vagabundo Pérez

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