Sherlock Holmes, ¿me concede este baile?

Sherlock Holmes: Juego de sombrasLa secuela de la película dirigida por Guy Ritchie es una meticulosa coreografía de personajes protagonizada por un detective cada vez más histriónico y menos cercano al clásico.

No se trata de una adaptación del clásico sino de una reinvención del mismo. En la segunda entrega de Sherlock Holmes, Juego de sombras, el personaje de Conan Doyle se convierte en el de Guy Ritchie –RocknRolla- y da un paso más allá en su ‘locura’ de genio y en su facilidad para el transformismo.

Robert Downey Jr. –Iron Man- es un Sherlock mucho más teatralizado que en la primera entrega y Jude Law –Contagio- un Dr.Watson menos comedido y algo más pasional. A pesar de que seguir resolviendo misterios con su amigo Sherlock no parece entrar en sus planes, Watson acabará cediendo ante la importante tarea que se le plantea a la pareja de ficción más detectivesca de todos los tiempos.

La acción se traslada desde Londres hasta Francia, Alemania y Suiza, en una Europa convulsa y al borde de la guerra.  En este escenario, el malvado profesor Moriarty –Jared Harris, La joven del agua- aplicará sus conocimientos científicos para sembrar la destrucción allá donde va, mientras Watson y su ayudante lo seguirán de cerca para truncar sus planes con la ayuda de Sim –Noomy Rapace, Millennium-.

Mucha acción sin verdadera solidez argumental que hacen de la película de Ritchie un producto entretenido y visualmente muy atractivo, pero poco literario y algo más superficial que la primera entrega. El Holmes del director británico ya no sorprende de la misma manera que lo hacía porque Juego de sombras ya no aporta ningún rasgo nuevo sobre esa personalidad desquiciantemente cautivadora del protagonista, sino que se limita a ‘exagerar’ los aspectos que lo habían transformado en un detective único en la película de 2009. En este sentido podría decirse que Sherlock mantiene la identidad que Ritchie quiso darle en la primera entrega de la saga, mientras que en esta segunda parte se nos presenta como una copia de sí mismo.

A pesar de todo, los actores, la ambientación y los ‘falshforward’ espontáneos del detective –que recuerdan en algunos aspectos al montaje de la película Requiem por un sueño, de Aronofsky- salvan holgadamente el carácter ‘entretenido’ de esta película que, si bien es posible que no tenga guión suficiente para sus más de dos horas de metraje, no por ello deja de ser divertida y a la altura de lo que se espera de una cinta de acción de estas características que no necesita aportar más que la originalidad justa para darle continuidad a la saga.

 

 

Celina Ranz Santana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.