Serendipias, coincidencias que van más allá de la casualidad

ArquímedesHallazgos, sucesos, descubrimientos… La historia de la Ciencia y de la Literatura está repleta de sorprendentes casualidades que finalmente se han transformado en verdades absolutas. Son las “serendipias”, coincidencias que, en más de una ocasión, han servido para descubrir una nueva cara de la realidad.

El término fue acuñado por el político y escritor británico Horace Walpole, que lo extrajo de un cuento persa titulado Los tres príncipes de Serendip, cuyo argumento giraba en torno a cómo a través de casualidades los protagonistas lograban resolver todo tipo de conflictos.

La serendipia, a pesar de su aura de misterio, no es más que eso: una mera coincidencia que se produce en un momento clave del proceso que se está siguiendo para averiguar algo.

En el caso de las serendipias científicas es más que evidente. Son famosas la de Newton y la manzana o la de Arquímedes y la bañera en la que, además de descubrir uno de los principios más destacados de la Física, popularizó el uso de la expresión ¡Eureka!, que ha llegado hasta nuestros días. Pero también Fleming descubrió los antibióticos gracias a una lágrima que casualmente cayó en el material que estaba analizando, y Bohr vio por primera vez la estructura del átomo -en la que llevaba años trabajando- a través de un sueño. También fue casualidad la invención de los Post-it: esos papelitos amarillos que se pegan y se despegan con facilidad fueron el producto de una partida de pegamento de la marca 3M que había salido defectuosa y que uno de los ingenieros de la fábrica utilizó para adherir pequeños papeles con los que marcar su libro de salmos.

En Literatura también ha habido muchas serendipias que de alguna manera tienen además cierto carácter premonitorio. Obviando que las obras de Julio Verne están llenas de este tipo de coincidencias que no se darían hasta varias décadas después de su publicación, es famosa la serendipia que se encuentra en un libro titulado Futilithy, en el que se narra el naufragio de un gran buque llamado “Titan” durante su viaje inaugural.

Las serendipias se han instalado en nuestra vida cotidiana, aunque en muchas ocasiones pasen inadvertidas. Tal vez no es tanto el hecho de que se produzca una “casualidad” como la capacidad de identificarla y saber aprovecharla en el momento preciso porque, incluso en los hechos intrascendentes puede haber un gran hallazgo.

 

 

 

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