‘Séptimo’

'Séptimo'Todos son culpables hasta que se demuestre lo contrario.

Lo que comienza como un simple juego infantil -ése al que todos hemos jugado alguna vez para ver quién llega primero, el que usa el ascensor o el que toma las escaleras-, se convierte en la prueba de resistencia de unos padres que han perdido a sus dos hijos. Todo apunta a que los pequeños se encuentran en el interior del edificio, pero es imposible localizarlos, el tiempo pasa y la angustia se incrementa.

Patxi Amezcua25 kilates– dirige una cinta que promete mucho en su planteamiento inicial, pero tras la explosión inicial de expectativas, la película se va volviendo demasiado plana y el argumento pierde emoción. Es como si Séptimo se sustentara con una única dosis de dramatismo al principio de la película y pretendiera vivir de esa tensión durante los restantes sesenta minutos. Por eso, aunque no ‘disgusta’ el resultado, la sensación que producen los créditos  finales es la de que nos ha faltado algo. No en el argumento, no en los diálogos, no en las interpretaciones. Nos ha faltado algo en la historia en sí misma.

Aunque muchas veces los espectadores somos tan soberbios que nos arriesgamos a decir “podría haberse hecho algo mejor” –como cuando desde el sofá de casa los aficionados al fútbol se creen capaces de dirigir a su equipo para alcanzar la victoria-, en el caso de Séptimo creo que esa crítica no está del todo mal encaminada. Y es que el punto de partida es bueno, y es por eso que tal vez nos da cierta lástima que no se haya exprimido al máximo toda la tensión que se podría haber extraído de un argumento cuyo único ‘fallo’ destacable es el de no haber sabido manejar con más acierto la tensión hasta el desenlace.

Por lo demás, la película tiene los ingredientes necesarios para ser un buen thriller: una premisa interesante, un buen elenco de actores secundarios para generar duda, el conflicto interior de un padre –Ricardo Darín, El secreto de sus ojos– que se siente responsable de la desaparición de sus hijos, la desesperación de una madre –Belén Rueda, Los ojos de Julia– , la angustia de una situación inexplicable… Aspectos que, aunque no solucionan la cojera dramática de la que adolece Séptimo, permiten que la película avance con bastante dignidad.

Celina Ranz Santana

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