Seis puntos sobre Emma

Cartel película Seis puntos sobre EmmaLa distancia más corta entre dos puntos está siempre en una línea recta. Esto es lo que debió pensar el debutante en el largometraje, Roberto Pérez Toledo, a la hora de idear esta historia sobre un conjunto de personas disminuidas emocionalmente.

Esta afirmación nace de la convicción que tengo de que todos los personajes que transitan en esta película han seguido el camino más corto para ser construidos: el camino de la caricatura. Y eso, en una primera película creada  únicamente por personajes, y que se sustenta en una historia mínima, es sin lugar a dudas un suicidio cinematográfico. Un suicidio técnicamente brillante. Nada de lo que aquí se cuenta traspasa la pantalla, no hay verdad o emoción en lo que se trata de decir. Es verdad que tiene cierta apariencia de verdad, pero de una verdad explicada, reflexionada, que no deja poso ni conmueve. No hay nada aquí que se sugiera, nada que no se muestre o se demuestre. Definitivamente, esta es una película pensada para espectadores que sólo ven en la imagen lo que se está viendo. Para espectadores que no ven más allá. Una película para ciegos de alma.

Porque Seis puntos sobre Emma no deja de ser un cortometraje (esa terapia con sillas) alargado hasta lo infinito donde los personajes, con sus mínimos arcos dramáticos, son un cúmulo de bienintencionadas poses a favor de un colectivo desfavorecido. El único personaje con cierta entidad es el de Emma, una ciega con cierto encanto y de carácter agrio, cuyas motivaciones personales no llegan nunca a importar del todo al espectador. Que se vaya o se quede, que diga o haga, no importa, no es interesante, da igual. Aburre. Nunca una invidente se hizo tan evidente ante los ojos del público.

Sería deshonesto no reconocer el esfuerzo interpretativo que realiza Verónica Echegui –Yo soy la Juani– en el papel de Emma, que se deja literalmente la piel para sacar a flote un personaje lastrado por un conjunto sin vida. Ella es toda la película y no se merece la puñalada trapera que le asesta un guión lacio y convencional. Verónica se merecía otra película. Emma se merecía otra película. Nosotros nos merecíamos otra película.

Una verdadera lástima que, teniendo todos los elementos a su disposición, este estimulante director canario no haya sabido dibujar un camino más largo hasta el centro del corazón. Era tan sencillo como emocionar y puntos

 

 

Roy Fernández Galán

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