Seguimos de paseo: prisioneros en Alcatraz

Prisión de AlcatrazJosune Fernández

Lo primero que me sorprendió en este tour, nada más subir al barco, fue algo que creo que no voy a ver más: un grupo de amish junto al que nos sentamos. Una de las señoras intentó entablar conversación conmigo, pero con mi nivel de inglés fue prácticamente imposible mantener un diálogo más o menos coherente.

Llegamos a la isla de Alcatraz y lo primero que hicimos fue ver un vídeo de gente que vivió allí, no solo los prisioneros, sino también los funcionarios que trabajaban allí con sus familias. Visitamos, también algunas instalaciones que quedan en pie -las casas donde se alojaban las familias, la casa del alguacil, la capillas, los cines o salas de ocio…-. Es el paso previo a entrar en las dependencias de la prisión, un sitio escalofriante.

Entramos siguiendo el mismo recorrido que hacían los presos: la taquilla donde les daban la ropa, luego las duchas y de ahí subimos al comedor y a las celda. Visitamos todas, incluso las de máxima seguridad y las de castigo -en éstas podían estar varios días totalmente a oscuras sin ver ni el más mínimoPrisión de Alcatraz rayito de luz-. Si quieres, te pueden encerrar unos segundos en una de éstas, así que nos metimos en una los dos solitos y aunque solo te encierran por muy poco tiempo ya te entra claustrofobia, así que imaginaos estar allí durante varios días.

Te cuentan la historia de Alcatraz, por qué se decidió hacer la cárcel de alta seguridad aquí, así como los presos famosos que estuvieron encerrados. También te explican la única fuga que se produjo de presos y cómo Alcatraz siguió haciendo historia después de cerrado, esta vez por la presencia de nativos americanos.

Esta prisión fue la primera cárcel militar donde encerraban a desertores de la I Guerra Mundial, así como a los indios americanos. Después se decidió crear la prisión de alta seguridad más importante, y una de las razones por las que se pensó en este peñón, era porque el que lograba escapar de la prisión difícilmente iba a sobrevivir a las corrientes heladas de la bahía de San Francisco.

A principios de los años 60 se decidió cerrar la cárcel debido a que su mantenimiento era muy caro y aquí empezó otra parte del historia de Alcatraz que muy poca gente conoce -yo al menos no la conocía-. Los indios americanos ocuparon la isla durante casi 2 años como símbolo de la protección de los derechos indios. Después de este movimiento, los indios consiguieron más derechos, sobre todo para seguir manteniendo algunas de sus tierras.

Entre los presos más importantes de Alcatraz destacan Al capone, el hombre pájaro de Alcatraz y muchos gánsters más. Existieron 14 intentos de fuga pero solo consiguieron escapar en una ocasión, y se supone que lo lograron porquee nunca se encontraron los cadáveres de los tres prisioneros fugados. En la audio guía te relatan al detalle cómo se llevo a cabo esta fuga, que es la que cuenta Clint Eastwood en La fuga de Alcatraz. Todas las Leones marinospelículas ambientadas en Alcatraz se pueden comprar en la tienda de souvenirs, así como las bandejas que utilizaban los presos para comer, los vasos de metal, las llaves, las camisas, y así miles de cosas.

Después de nuestra visita a la prisión fuimos directamente al muelle 39. Es muy famoso por los leones marinos que se han quedado allí a vivir y que se han convertido en la principal atracción para los turistas. Después nos dirigimos a comer la famosa sopa de cangrejo dentro de un bol hecho de pan en el Fisherman’s Wharf. La sopa se compra en los puestos del puerto y hay que comerla sentada en una acera, que no es algo muy cómodo pero sí muy típico del puerto de San Francisco. Muy cerquita de aquí se encuentra el intercambiador del tranvía de Powel Street, donde dan la vuelta al tranvía sobre un andén giratorio. Este cambio se realice antes o después de la subida o bajada de una cuesta con mucha pendiente que llega cerca del puerto.

Tras visitar Union Square y la tienda de Levis San Francisco, nos fuimos a Mission, que además de ser un barrio multicultural y muy bohemio -de esto ya nos habíamos percatado por que es el lugar donde nos alojábamos en San Francisco-, descubrimos los famosos callejones de murales de este barrio, que representan en su mayoría críticas políticas, sobre todo de la política internacional de EEUU y más en concreto hacía los países latinoamericanos. Son verdaderas obras de arte.

Como el barrio de Mission se une con Castro, fuimos dando un paseo hasta llegar aquí, de esta forma nos adentramos en el barrio de la libertad homosexual a la llegada de los hippies, muy famoso porque fue donde instaló su tienda de fotos Harvey Milk. Este hombre, para los que no lo sepáis, hizo historia en EEUU porque fue el primer concejal gay del país y es el que luchó por los derechos de los homosexuales durante toda su vida, hasta que lo mataron junto al alcalde Moscone. El barrio está repleto de banderas multicolores y casi todos los comercios son regentados por gays -digo esto, porque aunque hoy en día esto no nos impresione, en los años 60 el hecho de que hubiese un comercio regentado por homosexuales cerca de uno regentado por personas intolerantes era un problema bastante grande para los comerciantes-. De todas formas para no alargar mucho, al que le interese la vida de Harvey Milk, que vea la película del mismo nombre protagonizada por Sean Penn, galardonado con un Oscar por este papel.

Al día siguiente nos fuimos al Valle de Napa, la primera bodega que visitamos, por casualidad, fue una bodega de origen catalán -Artesa- y de las que vimos -que tampoco fueron muchas porque teníamos que conducir- fue de las más bonitas y con las mejores vistas. De aquí nos fuimos al pueblo de Napa, nada interesante a no ser que tengas mucho dinero para gastar en caros restaurantes, caras tiendas, un mercado de comida de productos gourmet o montar en el tren Napa Valley Wine Train que organiza excursiones de 4 o 5 horas, con restaurante incluido. Así que viendo que nuestro presupuesto no se ajustaba a la vida de Napa decidimos ir a otra bodega. En la bodega Hagafen Cellars, realizamos otra cata de 5 vinos y de allí decidimos que como no podíamos beber más ni visitar más bodegas deberíamos ir yendo a nuestro siguiente destino, Santa Cruz. Pasamos noche allí en el primer motel de carretera que nos encontramos, y nos preparamos para al día siguiente comenzar desde allí la Hwy1 pasando por Big Sur hasta llegar a Los Angeles y así concluir nuestro viaje por EEUU y el final de otra experiencia inolvidable de mi vida.

Santa Cruz es un pueblo con aire surfero. De hecho la famosa marca O’Neil proviene de este pueblito cuyo paseo marítimo es un parque de atracciones literalmente: además de todas las tiendas de surf, existe un parque con teleféricos, montañas rusas -una de ellas es de madera, de principios del s.XX- y un tiovivo antiguo también. Además, tiene un muelle donde, cómo no, están postrados los leones marinos -desde San Francisco, hasta un mes más tarde, no he parado de ver estos animalitos, ya veréis por qué-. Santa Cruz fue lo último que visitamos de California, ya que llegó laBig Sur hora de empezar a bajar por la costa para coger nuestro avión de regreso en Los Angeles. Pero este camino es otro de los sitios que más mereció la pena: Big Sur y la Hwy 1.

Esta carretera te lleva por diferentes parques nacionales y diferentes puntos de interés para hacer una parada con el coche y sacar una foto. Así que de esta forma hicimos el camino: playa Pfeiffer Gorda -que tiene este nombre debido a que la costa tiene la forma de una gordita-, Santa Lucia, Hearst Casttle -solo lo vimos a lo lejos, debido a que tienes que desviarte un poco del camino- y por fin el Faro de Piedras Blancas. Antes de llegar al faro, estaba la playa, famosa por los elefantes marinos -que no leones marinos- que tienen un comportamiento muy particular. Los leones marinos pelean más entre ellos y se dan cada mordisco… Sobre todo los machos. Además hacen un ruido peculiar, parecido al rebuzno de un burro. El resto del tiempo están dormidos sin moverse, solo un chapuzón cuando consideran que ya han tomado suficiente el sol. Por su parte, los elefantes marinos no pelean mucho entre sí, o al menos yo no los vi, aunque también están dormidos todo el tiempo. El ruido que hacen es todavía más extraño, como si fuera la bocina de un barco. ¿Será por la pequeña trompa que tienen? No te cansas de mirarlos, puedes pasar horas y horas.

Y así acabó nuestro viaje, con estas vistas tan espectaculares. Paramos en unos outles, dormimos nuestra última noche en Los Angeles y tomamos el vuelo de regreso a Bogotá. Como conclusión de esta aventura, he de decir que sí, que realmente EE.UU -al menos la parte que visitamos- es como en las películas y hace que te sientas especial solamente por estar ahí. Todo te suena de haberlo visto antes en el cine o en la televisión, pero con la diferencia de que en eta ocasión, la protagonista soy yo.

 

 

Josune Fernández

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