Seguimos de paseo: bajo el sol de California.

Playa de Santa MónicaJosune Fernández

Aquí estoy de nuevo. Hace tiempo que no sabéis nada de mí. Pues ya veis que estoy bien. No me ha comido ningún oso en Yosemite, ni me he caído por el Golden Gate, aunque casi muero de calor en el Death Valley. Y no exagero: ¡el termómetro marcaba 50ºC!

Mis aventuras empezaron tras un montón de horas de viaje, ya que tuve que hacer escala en Philadelphia, pero por fin llegué a Los Ángeles. Allí empezó nuestro viaje. Como habíamos llegado muy tarde, ese día solo cogimos el coche y dormimos, después de recorrer la mitad de la ciudad perdidos. A la mañana siguiente, nos despertamos con dos multas en el parabrisas del coche, una por aparcar en sentido contrario y otra porque era el día en que limpiaban la calle. Qué pardillos…

Después de esta sorpresa fuimos a San Diego. La ciudad era bonita, con un paseo marítimo con muchos barcos históricos en el que había un montón de veteranos de guerra pidiendo y un barrio italiano llamado ‘Little Italy’, bastante curioso por la cantidad de restaurantes que tiene. Visitamos otra parte de la ciudad llamado ‘Old town’ que se parecía una de esas ciudades del viejo oeste y de buscadores de oro. Había hasta carretas de aquellos años y una casa encantada que ahora se ha convertido en hotel, aunque los trabajadores aseguran que todavía se escuchan voces… Un poco artificial todo.Venice Beach

De allí fuimos a la frontera con México y cruzamos a Tijuana. Creo que ha sido lo que más me ha defraudado de este viaje: una ciudad en la que no hace mucho tiempo había mucho turismo estadounidense y ahora se ha convertido en una ciudad casi fantasma. Los antiguos pubs y restaurantes estaban totalmente abandonados, con los cristales rotos… todo por la violencia que están sufriendo algunas ciudades mexicanas desde hace un tiempo. Me dio mucha pena sobre todo por los habitantes que aún intentaban sobrevivir del turismo. Si era de día y ya me dio un poco de miedo, no quiero pensar cómo puede ser esta ciudad por la noche.

En la aduana para pasar otra vez a EE.UU tuve problemas. El policía no me dejaba pasar simplemente porque no encontraba mi sello de EE.UU en el pasaporte. Nos preguntó a qué habíamos ido a Tijuana y le contamos que estábamos en San Diego y que solo habíamos pasado la tarde en Tijuana, a lo que respondió: “¿No teníais suficiente con San Diego?”. Después me tiró mi pasaporte y nos dejó pasar. Vamos, un encanto de hombre. En fin, que casi me quedo en Tijuana y con todas mi cosas en EE.UU.

Al día siguiente fuimos a las playas del sur de Los Ángeles, a Orange Country. Son unos pueblos muy bonitos, casas de ensueño con sus embarcaderos a lado y por supuesto sus respectivos yates. Los puestos de los vigilantes de las playas, igualitos a los de las pelis. Bueno, creo que aquí todo es como en las películas.Visitamos la playa de Huntington Beach, cuna del surf y donde se hacen muchos campeonatos en los que participan grandes surfistas. Es como una especie de Hollywood, con sus huellas y todo, pero de surfistas.

De allí nos fuimos al centro de Los Ángeles. Aparte de ver los grandes rascacielos, vimos el Disney Concert Hall, de Fran Ghery y de aquí nos fuimos a Hollywood: el paseo de las estrellas, el teatro chino -el teatro donde dejan las huellas los actores- y, cómo no, entramos al teatro Kodak. Lo bueno es que tuvimos una visita guiada para nosotros solos. Nos estuvo contando todo lo que ocurre antes de las entregas de los premios y por fin pude ver una estatuilla real delante de mis narices -la pena que no la puede coger-. El guía nos contó que él había aparecido en alguna película diciendo un par de frases y que es muy normal que la gente que trabaja en Hollywood sean actores o lo estén intentando. Hicimos una visita por las casas de los famosos en Beverly Hills, pero tengo que decir que no vi a ninguno. Estarían todos de vacaciones. También pasamos por Rodeo Drive, la calle de la tienda donde echaron a Julia Roberts y el hotel donde se rodó Pretty Woman.

Universal StudiosEsa noche salimos a tomar algo por Sunset Boulevard, estuvimos en Roxy -famoso porque allí actúan muchos grupos legendarios y porque John Lennon, pasaba muchas horas allí- y vimos un concierto de un grupo -quién sabe si dentro de un par de años este grupo sea súper conocido- en el Vipper Room, un pub que era de Johnny Deep y que hace poco vendió a un amigo suyo.

Al día siguiente fuimos a Universal Studios, y vimos los lugares donde se rodaron, Tiburón, Indiana Jones, King-Kong, La Guerra de los mundos, Psicosis… y miles de películas mas. Ah, y el famosos barrio de Wisteria Lane, de Mujeres Desesperadas. Estuvimos en todas las atracciones del Parque, que es como un Eurodisney pero de Universal, y la verdad que me lo pasé muy bien.

Continuamos nuestra ruta un día después por el famoso muelle de Santa Mónica, el que tiene una noria y montaña rusa, donde se grababan los episodios de Los vigilantes de la playa. De aquí fuimos a Venice Beach, famoso por el paseo lleno de locos, donde venden marihuana -California es el estado donde es legal la compra de marihuana, pero para fines terapeúticos-. Este paseo es como un escaparate de doctores que te la recetan fuera de la consulta, diagnosticándote síntomas como falta de apetito. También ha farmacias que te la venden. En fin, este paseo es un escaparate de gente rara. Me quedé con las cagas de pedirle a un socorrista que se sacara una foto conmigo, pero es que me daba un poco de vergüenza. Bueno, otra vez será.

De aquí pusimos rumbo a Las Vegas por la famosa ruta 66, de la que solo hicimos un trozo, porque si no se nos iba a hacer un poco largo el viaje… Pasamos por el desierto de Mojave viendo el paisaje, repleto de ‘joshua tree’, los famosos árboles que dan nombre a un disco de U2. Pero nuestra llegada a Las Vegas es ya otro capítulo.

 

 

Josune Fernández

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