Secreto a voces

Sus reuniones se organizan en la más absoluta reserva y se celebran con la máxima discreción, aunque sean casi un secreto a voces. Pero como pasa con el marido cornudo que es siempre el último en enterarse de lo que todo el mundo sabe, millones de ciudadanos permanecen todavía en la inopia sobre la existencia de lo que parece ser uno de los tentáculos más musculosos del verdadero “gobierno a la sombra, como algunos lo han llamado.

El enigmático Club Bilderberg se reunió en un lujoso hotel de Watford, a las afueras de Londres, entre los días 6 y 9 de junio, rodeado de extremas medidas de seguridad y alejado como siempre de focos y reflectores. Se dice que en acontecimientos como este se diseñan las estrategias políticas y económicas que más tarde ejecutarán los gobiernos. Aunque la noticia apenas trasciende a la opinión pública a través de los medios de comunicación, como si éstos se hubieran impuesto un voto de silencio, de vez en cuando se filtra en algunos periódicos. Y, por supuesto, es comidilla en multitud de foros en internet y medios alternativos que operan en la red.

Hay quienes hablan del Bilderberg como “un clan formado por los hombres más ricos, influyentes y poderosos de Occidente, desde un punto de vista económico y político, que se reúnen en secreto para plantear acontecimientos que más tarde parecerá que ocurren sin más” (como se expresaba el periódico The Time de Londres en 1977, a propósito de la reunión celebrada aquél mismo año también en Inglaterra).

El grupo Bilderberg desde su creación en 1954 se congrega cada año en distintos lugares de Europa o Norteamérica, eligiendo como escenario pequeñas y tranquilas ciudades o lugares apartados donde los participantes pasan desapercibidos. Lejos de la mirada indiscreta de curiosos y eludiendo a incómodos periodistas que intentan meter las narices en los entresijos de este reservado Club.

El Club Bilderberg  toma su nombre del hotel donde se reunió por primera vez en 1954, en la localidad neerlandesa de Oosterbeek, bajo los auspicios de la Casa Real holandesa. Cuenta entre sus miembros con personajes de la talla de David Rockerferler, Henry Kissinger, Paul Wolfowitz, Peter Carrington o princesa Beatriz de Holanda, junto a los presidentes o propietarios de un centenar de grupos empresariales multinacionales. En las conferencias del Bilderberg están representadas instituciones financieras como el FMI, el Banco Mundial, el BCE,  la Reserva Federal y otros Bancos Centrales. Han sido invitados expresidentes de los EEUU, directores de la CIA, secretarios generales de la OTAN y representantes de los gobiernos de Canadá, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica, Italia, España y un largo etcétera, junto a líderes de los principales partidos de la oposición de estos mismos países, así como editores y directores ejecutivos de los medios de comunicación más importantes del mundo.

En las sesiones anuales del Bilderberg se debate sobre los problemas económicos y geopolíticos internacionales y, sobre todo, del futuro del mundo. Dicen las malas lenguas que allí se fragua en gran medida la composición y signo político de gobiernos venideros y se planean las estrategias económicas, políticas y militares a nivel global… En suma, se decide el futuro del mundo occidental y la suerte del entero planeta. Pero cuando se habla en estos términos del Club Bilderberg enseguida surgen voces que lo califican de las sólitas elucubraciones paranoicas de los teóricos de la conspiración.

Uno se pregunta de qué han hablado en la más absoluta reserva durante tres días el presidente del consejo supervisor del Deutsche Bank Paul Achleither, el ex presidente del Barclays Marcus Agius o vicepresidente de Goldman Sachs Michael Evan –por citar algunos de los banqueros participantes en la última convocatoria del Bilderberg– con el vice primer ministro turco Ali Babacan y con José Manuel Barroso.  O qué argumentos tratan el ministro Luis de Guindos, la directora del FMI Cristina Lagarde y los ministros de Hacienda de Holanda, Austria, Gran Bretaña, Dinamarca o Suecia (por nombrar solo algunos de los miembros de gobiernos e instituciones que han estado presentes) con representantes de Alcoa, Techint, Siemens, British Aerospace, Airbus, Heineken, Michelin, Novartis, BP, Royal Dutch Shell, entre otras de las multinacionales presentes. No sé ustedes, pero a mi, como ciudadano, me gusta saber de qué hablan todos estos personajes. Por que supongo que no discutirían de la última final de la Champion mientras se tomaban un café o un aperitivo.

Los salones y pasillos de lujosos hoteles que han acogido estas conferencias a lo largo de la historia de este selecto Club –se dice– es donde han madurado decisiones, aportado “soluciones” a problemas y asuntos objeto de debate, se han sugerido estrategias y trazado posiciones comunes de gobiernos e instituciones internacionales. Y si no es así, ¿para qué se reúnen y a qué viene tanto misterio en torno a esas reuniones?

Quienes han acuñado la expresión teoría de la conspiración más que tratar de dar una explicación al porqué del secretismo de este grupo parecen ofrecer un pliego de descargo para justificar el blindaje de sus cónclaves. Presentando como “conspiranoicos” y blogueros marginales a quienes indagan sobre la naturaleza y entresijos de esta organización. Hablar sin más de teóricos de la conspiración, lejos de arrojar luz sobre el asunto viene a crear más confusión en los ya desinformados ciudadanos. No creo que pueda  argumentarse sobre una teoría de la conspiración ni que exista tal conspiración global. Por una razón bien sencilla: Se conspira contra el poder y éste no puede confabularse contra sí mismo.

Todo parece indicar que la sociología del poder velada o manifiesta en los llamados grupos de presión no comprende únicamente a los más de 15.000 lobbies acreditados solo en la ciudad de Bruselas, ni los grandes medios de información global que proyectan y ejecutan campañas “políticas” diseñadas por estrategas de la comunicación de masas (por no decir de la manipulación) o los megagrupos bancarios que financian las campañas políticas de determinados partidos. El Club Bilderberg, la Comisión Trilateral o el CFR (Consejo de Relaciones Exteriores) son solo algunos de los grandes institutos constituidos por magnates de la política, las finanzas y la industria que forman parte de lo que podemos llamar el núcleo duro del poder. Un verdadero “gobierno a la sombra” que influye, inspira, sugiere, persuade,  insta o presiona para que se adopten determinadas decisiones en los órganos e instituciones políticas y financieras encargadas de hacerlo formalmente.

Para quienes a estas altura de la película crean que el poder está en manos de los gobiernos, sin más, diría que yo también estoy de acuerdo en que el ratoncito Pérez es quien nos dejaba una moneda debajo de la almohada cuando perdíamos un diente. En tal caso sería muy útil la lectura de un buen manual de sociología política.

También hay quienes piensan que nada tiene de malo en que poderosos financieros, presidentes de corporaciones industriales y propietarios de grandes de medios de comunicación se encuentren en secreto con políticos en activo y representantes institucionales para discutir “sobre los problemas del mundo”.  Sería una suerte de consejo de sabios que saben un montón y de los que algo aprenderían sin duda “nuestros” políticos. Parece que esta fue la intención del grupo en sus orígenes, al menos en palabras de uno de sus fundadores, el príncipe Bernardo de Holanda (principal accionista de la Royal Dutch Shell y padre de la recién abdicada reina Beatriz). Si bien entre los asistentes las lumbreras de la ciencia y la filosofía brillan por su ausencia, este fin sería plausible si quienes participaran en esos encuentros sigilados por el top secret no fueran representantes públicos e institucionales elegidos, o no, por ciudadanos que tienen todo su derecho a saber qué se cuece en foros de debate tan influyentes. El hermetismo absoluto en que se desarrollan estas conferencias es lo que hace que la mosca se pose detrás la oreja. Nunca se ha permitido a los medios estar presente en sus deliberaciones, no existen las acreditaciones periodísticas ni se ha emitido jamás ningún acta ni comunicado de prensa sobre  sus debates. Tampoco en esta ocasión, no obstante haberse anunciado la novedosa constitución de una “oficina de prensa”. Lo poco que se sabe sobre los temas tratados en la historia de este Club y las “resoluciones” adoptadas ha trascendido gracias a la encomiable labor investigadora de unos pocos periodistas que se han adentrado en este entramado.

El misterio que rodean sus reuniones, a diferencia de otros foros internacionales como Davos, el G8 o el G20, proyecta la sombra de la duda sobre esta organización. No creo que pueda hablarse de una conspiración. Sin embargo, la composición del grupo y el hermetismo de sus sesiones plantea el dilema de si no existe una clara intención de marginar la democracia participativa y escapar a determinados mecanismos de control ciudadano sobre sus gobernantes. Como lo es la “opinión pública” que puede formarse desde la transparencia informativa de estos foros. De ser cierta tan solo la mitad de la información que hasta ahora conocemos sobre el grupo Bilderberg,  lo convierten en una auténtica “institución” del poder a la sombra. Aunque este lugar sombrío y oculto comience a ser, como decíamos al principio, un secreto a voces.

 

Luis Rivero Afonso

www.luisrivero.es

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