Se acabó el “chollo” de ser funcionario

OficinaSi se cumplen las propuestas del vicepresidente tercero para ligar el salario de los funcionarios a su productividad, ser empleado público ya no será lo mismo que era. El funcionariado se someterá al mismo concepto de productividad del resto de los trabajadores españoles: el último que abandona la oficina es el más rentable para la empresa.

De utilizar el patrón que se utiliza actualmente en la empresa privada, éste sería uno de los cambios principales. Es de sobra conocida la tendencia marcadamente española de permanecer en el puesto de trabajo más de lo que dura la jornada laboral porque quedarse sentado en una silla delante del ordenador, aunque sea sin hacer nada, es un síntoma de buen rendimiento.

En un país en el que “tiempo” es sinónimo de “calidad”, poco importa que el esfuerzo de un trabajador se mida por su “productividad”, tal como desea hacer con el funcionariado el vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves. Dice que de esta manera se conseguirá cambiar la imagen que la opinión pública tiene acerca de los funcionarios españoles, esos seres afortunados que se pasan la mayor parte del tiempo tomando café,  tocándose las narices y cumpliendo mínimos con escasa simpatía hacia el resto de los mortales –y recojo aquí una opinión generalizada que, como en todo, tiene sus excepciones-.

Pero, ¿cuáles son estos criterios de eficiencia cuando hay diplomados, licenciados y hasta doctores ocupando puestos de trabajo con una remuneración muy inferior a su grado de especialización? ¿En qué se mide el rendimiento de un empleado? ¿En la calidad de lo que hace o en el tiempo que pasa en la oficina incluso después de haber terminado eficientemente la “tarea” del día?

Si lo que el señor Chaves pretende es que los funcionarios se adapten al mismo patrón que los trabajadores de la empresa privada manteniendo ciertos privilegios como el hecho de que no exista otra modalidad de contratación más que la indefinida, lo que verdaderamente deberíamos cuestionar es si dentro de ese amplio cuerpo de trabajadores de la “empresa pública” todos serán “juzgados” con el mismo criterio. ¿Cobrarán menos los miembros del Congreso cuando se salten una sesión? ¿Cobrará menos la Ministra de Asuntos Exteriores por no haber actuado aún en el conflicto del Sáhara? ¿Necesitará Zapatero acogerse a una subvención porque su incompetencia lo ha dejado en números rojos?

Como siempre, venta de humo al por mayor. Una de esas ideas geniales en pro de una igualdad ficticia que no puede alimentarse de buenas intenciones sino de hechos. Está claro que el sistema de “remuneración según valía” no ha funcionado en la empresa privada ni existen visos de que vaya a suceder en el sector público.

La remuneración objetiva del obrero por su trabajo es un discurso que a estas alturas sabe a rancio, y más teniendo en cuenta que en este país lo único que se valora es el trabajo a granel encargado al mejor postor: da igual quién me lo haga, pero que me lo haga barato. Y si emplea cuatro horas en cumplir objetivos, que se pase otras cuatro chateando por el ordenador. Pero de esta oficina ya no van a salir ni lo funcionarios.

Vagabundo Pérez

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