Santa Pola y Castelgandolfo

José Manuel Adán

Después de oír al registrador decir que en el contexto en que nos encontramos “lo mejor es no tomar ninguna decisión, lo que ya es una decisión” reavivando el “nihilismo”(según el filósofo sofista griego Georgias nada existe, si algo existe no es cognoscible por el hombre”) o imperio de la nada, donde se encuentra desde que nació a la vida pública, solo por ello es merecedor de su retiro aunque no sea a Castelgandolfo, como otro, que con menos motivos, se retirará el 28 de Febrero.

La apertura diaria de los periódicos de otros países al referirse a España, hablan de déficit sin cumplir, deuda excesiva, paro en aumento, P.I.B. en recesión, por no hablar del deterioro de las instituciones ni de la malversación de fondos públicos. ¿Y cómo el registrador encara este asunto para la defensa de España ante nuestros clientes internacionales, potenciales inversores en la deuda que emite el Tesoro?: Ninguna decisión, lo que se traduce en una decisión negativa ante los atónitos oídos de los inversores.

Aún cuando la deuda pública española sea inferior a la británica, francesa, o italiana por ejemplo, la comparación no debe realizarse solo en términos concretos sino comparando el resto de variables macroeconómicas: tipo de interés, vencimiento medio, crecimiento del P.I.B., tasa de desempleo, déficit público. En ninguna de estas economías el paro llega a cerca del 26 %.

Por ello es incomprensible que el registrador todo quiera arreglarlo con deuda pública en que de nuevo detrae fondos de los bancos que la compran disminuyendo los créditos a los autónomos que quieran constituir una pequeña empresa, paralizando el crecimiento.

De acuerdo con el Banco de España, en 2012 la deuda pública ascendió a 882.000 millones de euros, sin tener en cuenta 60.000 me. de las empresas públicas, pasando desde el 36,3 % del P.I.B. en 2010 al 84% del P.I.B en 2012 (en la actualidad solo en tres días se prevé emitir 8.000 me.). Este endeudamiento, en términos relativos sería el más alto desde 1910, más de un siglo. Teniendo en cuenta que el registrador si no se va ahora a Castelgandolfo, en 2015 se tendrá que ir a Santa Pola cuando la deuda alcance el 95% del P.I.B.

El problema subyacente es sin duda el déficit público que este gobierno no es capaz de dominar. Por ello el tipo de interés vuelve muy vulnerable al país y hay que atajar ante el interior los problema que sobresalen al exterior y para ello hay que tomar las decisiones políticas necesarias rápidamente, colmo la reducción de la dimensión de los entes autonómicos y locales, así como de la Administración General.

El déficit público, sigue siendo el motivo principal del incremento de la deuda. No olvidemos en modo alguno que el rescate financiero para la recapitalización de BFA-Bankia, Catalunya Banc, NCG Banco, Banco de Valencia y “banco malo” supusieron 40.000 me. Posteriormente, el ERE de Bankia, en contra de lo previsto en la Ley de la Reforma Laboral, indemnizó con 32 días a cada trabajador en lugar de los 20 previstos, lo que será también pagado por todos los españoles, de nuevo con deuda pública. El plan de pago a proveedores y la parte del préstamo asignado a España para el pago del rescate de Gracia, Portugal e Irlanda, incrementa también la deuda.

En este ejercicio, se recogen en los Presupuestos Generales del Estado, para el pago de los intereses de la deuda (gasto que algunos denominamos improductivo) un 33% más que el año pasado: 38.660 me. Este montante es el más alto destinado a este fin, superior inclusive al pago de gastos de personal, siendo el interés medio de la deuda del 4,1% y la maduración media 6,1 años.

Todo ello conduce, si el registrador no toma decisión alguna del recorte drástico de los gastos ordinarios de los entes antes citados, a la suspensión de pagos, o en su lugar al rescate de nuestro sistema económico público. La economía sigue estancada, el P.I.B. decreciendo, la energía muy cara (a pesar de los grandes beneficios de las eléctricas) y el déficit y la consecuente deuda, sin freno. Por ello, el no tomar decisiones, se convierte en una decisión negativa. Todo ello, como hemos citado anteriormente, sin hablar de la crisis institucional. La no toma de decisiones se convierte en un sinsentido. Salvo que siga el ejemplo de la dignísima persona que se retira a Castelgandolfo y el registrador, por fin, se ponga a trabajar en su registro de Santa Pola.

 

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

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