San Borondón, el volcán de El Hierro y la lanzadera.

José Gregorio González

No hay duda, la actualidad informativa de estas semanas gira, con toda la razón del mundo, en torno al fenómeno volcánico que vivimos en Canarias, especialmente en la isla de El Hierro.

Es una opinión personal, pero creo que una parte de la confusión pública y de la turbiedad informativa que desde hace unos días hasta ahora ha desplazado a la ciencia en favor de la política, se debe a los medios de comunicación. En la prensa escrita se percibe una competición sin cuartel por, suponemos, colgarse medallas una vez pasada la “crisis volcánica”. Aberruntamos que cuanto esto se calme algunos periódicos sacarán suplementos especiales y no faltará el autobombo bajo el formato de odas al rigor, profundidad, constancia y otros enjundiosos adjetivos plasmados en tinta para justificar y definir tanta cobertura. La noticia lo merece, estar sobre ella, hacer un seguimiento…pero hay días, y hoy es uno de ellos, en los que toda esa información que ocupa páginas y páginas se podría resumir en una, a lo sumo en dos. Lo demás en paja, engordar el dossier, sumar méritos para alguna medalla tras la “crisis” Algo me dice que muchos expertos están hasta las narices de repetir lo mismo día tras día, y el interés de algunos medios ha bajado optando ahora por explotar la controversia política. Y eso que no hemos hablado de la tele y la agobiante cobertura realizada, para en muchos casos no decir nada, repitiendo una y otra vez lo mismo.

En fin, tras esta larga y desahogante introducción, vamos al meollo de la cuestión. Hace diez años publicamos un libro, Canarias Misteriosa, del que precisamente en estos días presentamos la que puede ser considerada su continuación, Canarias Territorio del Misterio. En aquel libro dedicamos un amplio capítulo a la isla legendaria de San Borondón, comentando la leyenda, el rastro aborigen que podría existir, las expediciones y un buen número de datos para el anecdotario. En el apartado de explicaciones aprovechamos para comentar algunas curiosidades que nos habían llamado especialmente la atención, relativas a la geología submarina de las islas, la ubicación de la lanzadera de misiles y microsatélites de la que ya nadie se acuerda, o una vieja historia que recordaba de mi infancia y que venía de bastante más atrás. Copio y pego para ser fiel a mi mismo, y de paso, seguir la costumbre iniciada por otros de plagiar Canarias Misteriosa.

Aunque quizá, de alguna manera esa “foto” exista. Y es que cuando menos resulta curioso que en el espacio comprendido entre La Palma, El Hierro y La Gomera, o lo que es lo mismo, en la zona que más parece frecuentar esa misteriosa isla, existe según la cartografía marítima del archipiélago, una especie de islote a unos 200 metros de profundidad que hace miles de años, cuando el nivel de las aguas era bastante menor que el actual podía ser visible, tal y como explicábamos en el capítulo anterior. Un islote que por cierto, quería ser utilizado curiosamente como base de una estación de lanzamiento de misiles, según la propuesta presentada por uno de nuestros políticos como alternativa a la polémica candidatura de la isla de El Hierro a albergar dicha lanzadera especial. Quizás una parte de las incógnitas de San Brandán puedan explicarse con este islote que en otro tiempo estuvo en la superficie, y cuyo recuerdo milenario de alguna manera podría haber impregnado y perdurado en el inconsciente colectivo de los isleños.

El misterio de la octava isla continua, y una tradición popular sitúa su aparición del fondo del mar de forma inminente, para lo cual, una de las islas hembras con nombre femenino del archipiélago debe hundirse o “encantarse”. Siendo así, y una vez vista la polémica suscitada en 2000 con la posibilidad científica de un hundimiento en La Palma, lo mejor será que San Borondón siga siendo esa isla mágica con la que poder soñar”. (Canarias Misteriosa. José Gregorio González. Ediciones Alternativas La Palma 2002)

En estos días, esa leyenda de una nueva isla que emergerá del mar en Canarias se ha vuelto a desempolvar. Es solo eso, una leyenda, articulada posiblemente en torno a la manera en la que nuestra gente convivía, interpretaba y dotaba de sentido a la realidad volcánica de una tierra que crece bajo sus pies y fuera de su control. Hoy, viendo con calma las fotos de esa gran mancha verde en el Mar de las Calmas, no he podido evitar pensar que al menos durante unos cuantos días, tenemos a San Borondón a la vista. Y aunque resultará muy difícil que de esta erupción surja un islote visible, proponemos desde ya quede ser así, nos permitamos el romanticismo de bautizarlo como San Borondón.

 

 

 

José Gregorio González

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