Saludo militar y protocolo civil

Saludo militarSe ha suscitado cierta polémica por la aplicación obligatoria del saludo castrense de la policía local uniformada a los cargos públicos en el ejercicio, ambos, de sus respectivas funciones

Conviene disponer de un lugar para cada cosa, y todas colocadas en su sitio. Los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, excepto la Guardia Civil, no tienen condición militar y no parece que el mero hecho de utilizar uniforme, gorra incluida, justifique una regla protocolaria que no corresponde por ajena.

El saludo militar, sobre cuyos orígenes se ha especulado con todo tipo de suposiciones, es un gesto que manifiesta respeto por la jerarquía, asunción de la disciplina, educación entre iguales y deferencia hacia el superior. Las normas de uso y aplicación, son tan estrictas como competen al propio ámbito de su ejercicio. Desde el ritual y garboso toque al lado derecho de la visera de la gorra, con la palma de la mano extendida hacia adentro, sobre la marcha si se va caminando, o acompañando el taconazo prusiano para cuadrarse a pie quieto, hasta la firmeza del “saludo con armas”, que consiste en, desde la posición de “firmes” y con el arma larga –fusil o similar; bayoneta calada o no– apoyada la culata en el suelo, pegada al costado izquierdo y sujeta con esa mano, se cruza el brazo derecho con energía hacia el hombro izquierdo con la palma  extendida abajo paralela al suelo.

O el vistoso saludo con el sable desenvainado; usado en ceremonias de alto copete cuando, en un pase de revista a la tropa formada, la autoridad a la que rendir honores, militar o civil, recibe el homenaje del oficial al mando, quien con el sable apoyado en el hombro derecho, para saludar y despedir al homenajeado, se cuadra con el taconazo correspondiente, a una distancia de respeto, lleva la empuñadura a la altura de los ojos con la hoja vertical hacia arriba, y en una secuencia continua, baja la punta al suelo y vuelve a subirla hasta la cara para luego apoyarla de nuevo en el hombro. El inconveniente surge cuando el Excmo. Sr., o Sra., no conoce el protocolo y con toda su amabilidad se acerca con la mano extendida para corresponder al teatral saludo. Con ánimo de no descomponer demasiado la figura, el oficial tiene que cobijar eventualmente el sable bajo el brazo izquierdo y dejar libre la mano derecha para el afectuoso apretón de despedida.

Rituales, en fin, que simbolizan ciertos valores de cortesía, respeto y buena educación… entre otros.

No parece adecuado ni razonable pretender imponer reglas ajenas en otro  contexto específico que poco o nada tenga que ver con el original. No creo que sea aceptable de buen grado para un agente uniformado tener que rendir una especie de pleitesía gratuita ante Ilmos. Sres., o Excelencias cuyo título les da derecho a ese tratamiento, en teoría, por razón de su cargo o dignidad y empleo; cuando en la práctica, y por mor de las listas cerradas, la condición de ilustre o excelente no respalda demasiado a algunos como  de distinguida prosapia.

En cuestión de protocolo debiera exigirse respeto a quienes alardean de incumplirlo con irrupciones poco presentables en foros institucionales, donde se vulneran impunemente normas de conducta básicas y comportamientos de educación elemental en forma de camisas desharrapadas, pelambreras grotescas y desaliño general para ostentar una contracultura que no debiera tener cabida en sedes que representan la dignidad de todo el pueblo.

Es una falta de respeto para los miembros de los cuerpos de seguridad del Estado que tengan que cuadrarse por obligación ante la presencia de quienes ofrecen una imagen marginada, desde la que rechazan, además, cualquier síntoma de calidad en el comportamiento cívico.

Puedo no estar en lo cierto y, cómo no, acepto discrepancias emitidas con cortesía y buenas formas para poder debatirlas. Pero el sentido común que me dicta la importancia incuestionable del fondo, también me sugiere que la forma debe ser expresión de la realidad que va dentro.

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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