Safo, la décima musa

Safo“Como la dulce manzana rojea en la rama más alta,

alta en la más alta punta, y la olvidan los cosechadores.

Ah, pero no es que la olviden, sino que alcanzarla no pueden”

Hace 2.600 años, en una pequeña isla del mar Egeo, vivó una mujer tan dedicada a la Literatura como a las luchas políticas que se estaban desencadenando en su entorno. Su figura, de la que apenas existen fuentes contemporáneas de su época, se encuentra en el límite entre la realidad y la leyenda. Fueron autores posteriores los que se encargaron de rescatar la trepidante vida de esta mujer, Safo, a la que Platón consideró “la décima musa”.

Safo ha sido más conocida siempre por se la representante del amor entre mujeres que por su obra poética. De hecho, vida de Safo, a la que se le atribuye un amor apasionado hacia sus compañeras –con las que se supone que mantuvo muchas relaciones- es la que dio origen al término “lesbianismo”, pues la poetisa nació en Mitilene, capital de la isla de Lesbos. Fue la mayor de tres hermanos, de los que tuvo que hacerse cargo a una edad temprana, al fallecer su padre –comerciante de vinos- durante una guerra entre Lesbos y Atenas por la posesión de una pequeña colonia en el estrecho de los Dardanelos. Safo se encargó de instruir a sus hermanos en el próspero negocio familiar al tiempo que participó activamente en las disputas políticas de la isla, llegando incluso a estar implicada en la conspiración para el asesinato del tirano Pítaco que, tras ser descubierta, la condenó al exilio. Fue ésta etapa que pasó en Siracusa la que le permitió el desarrollo y enriquecimiento intelectual que posteriormente reflejaría en sus poemas, convirtiéndose en un pilar importante de la vida cultural de Siracusa. Allí además contrajo matrimonio con Kerkilos, un hombre ya mayor que murió al poco tiempo dejándola viuda con una hija y con muchas riquezas. De esta manera, Safo pudo dedicarse por completo a su vocación y, tras su regreso a Lesbos –unos 6 años después Pitaco le permitió volver- fundó allí una escuela de artes para grupos reducidos de mujeres. Se dice que Safo amó tanto a hombres como a las mujeres que acudían a sus clases de poesía, música y danza. A éstas con una pasión tan desmesurada que es a ellas a quien dedica muchos de sus poemas. Y no es de extrañar que la diosa preferida de Safo fuera Afrodita -diosa del amor- y que gran parte de los manuscritos de estos poemas, simples pero apasionados, fueran destruidos por el Papa Gregorio VII al ser tachados de pecaminosos.

Hay que destacar tanto en su vida como en su obra literaria que Safo fue, en todos los aspectos, una mujer genuina, por lo que rechazaba cualquier tipo de convención social y perseguía la originalidad de todo lo que hacía. Los datos que se conservan de su muerte no dejan de ser menos “originales”, aunque también poco creíbles. Se cuenta de Safo que, tras el rechazo de un joven marino del que estaba enamorada, decidió lanzarse por un acantilado en la isla de Leúcade. Un dato que no parece muy acorde con la paz interior que había alcanzado la poetisa en su última etapa como escritora pero que, sin embargo, alimenta la leyenda de esta mujer que, en su época, apareció reflejada en monedas y estatuas de toda Grecia y que, después de haber sido olvidada por muchos autores actuales, comienza a ser reivindicada como una de las grandes escritoras de la Antigüedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

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