RTVC, un juguete caro, inútil y peligroso

Carlos Castañosa

Un ente extraño, ajeno al ciudadano canario y a sus intereses, convertido en órgano de propaganda política en manos del Gobierno Autonómico.

Una gestión económico-financiera turbia, opaca y aparentemente desviada de la honestidad mínima requerida en nombre de la dignidad del pueblo soberano. La falta de transparencia al respecto induce el juicio temerario de sospechas por presunta corrupción. El despilfarro sistemático publicado puntualmente sobre casos específicos de cómo se invierte la brutal asignación presupuestaria; de cómo se desvían a su favor fondos inicialmente señalados para otras aplicaciones sociales con connotaciones humanitarias; de cómo se deniega sistemáticamente información de las percepciones de directivos y personal ejecutivo, incluido, y sobre todo, el director del ente (que no es petición viciosa,  por cuanto es  derecho constitucional de todo ciudadano el acceso a la gestión del dinero público); de cómo, con la misma prepotencia y menosprecio hacia la voluntad popular, se hurta la información en detalle de todos los contratos firmados, afectos a operaciones externalizadas, con indicios de nepotismo, frivolidad  y derroche de caudales públicos. Todo, bajo el blindaje de una opacidad más propia de una secta o casta mafiosa que de un órgano al servicio de una población a la que, para colmo de agravios, le cuesta una verdadera fortuna su mantenimiento.

De cómo se orientan los servicios informativos, unidireccionalmente, hacia intereses electoralistas de sentido único: Se crea la polémica artificiosa de las prospecciones para controlar y dirigir a la opinión pública, cuya ingenuidad dictada desde la buena fe  absorbe la manipulación sesgada y tendenciosa para dejarse configurar como un yacimiento de votos y, ya de paso, como beneficio colateral,  intentar perjudicar electoralmente a los opositores de la campaña que, casualmente, pertenecen a otros colores políticos.

Voy a utilizar el medio que dispongo para adoctrinar masivamente a la mayor parte posible de ciudadanos receptivos a mi planteamiento de medias verdades y falacias varias. Así, de paso, desvió la atención de los graves problemas humanitarios, sociales, políticos y económicos  que soy incapaz de resolver porque soy un inepto. Y mientras, le echo la culpa a Madrid de lo torpe que soy. Cuando ya tenga convencida a una incauta mayoría, convoco un referéndum del “petróleo no” y listo.

Listo, es posible; pero nefasto, ¡a tope!…

Como símbolo de la realidad que aquí se expone conviene meditar sobre la  deplorable actuación del director de la RTVC en sede parlamentaria, en su ofensiva réplica machista, exenta de un mínimo exigible de cortesía, caballerosidad o educación elemental, que mereció como propuesta la reprobación que, lamentable y sintomáticamente, fue rechazada por el bloque ideológico, presuntamente beneficiario del despotismo, prepotencia y turbia gestión del susodicho. La bien pagada “voz de su amo” parece hallarse en continua campaña preelectoral, en favor exclusivo de los intereses políticos de sus mentores, que no del acceso a la veracidad de la información como derecho constitucional del ciudadano, según reza el artículo 29 de nuestra Carta Magna.

Sería un privilegio para esta maltratada ciudadanía prescindir de un juguete caro carísimo que solo les sirve a unos pocos; que la millonada que se despilfarra en cargos, prebendas y favores a allegados, resolvería el incumplimiento flagrante de la Ley de Dependencia, la ineficacia de Asuntos Sociales, los hospitales pendientes de norte y sur…  Los partidos del Tete y Las Palmas, podríamos ver alguno en abierto, por la cara y en La Sexta. La penosa calidad de la mayoría de programas… En fin; eso sería otro título. Los canarios no merecemos esta tomadura de pelo.

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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