Robert Louis Stevenson, hacia los mares del sur

Robert Louis Stevenson“La suerte está echada y para siempre maestro y discípulo, amigo, amante, padre e hijos, caminarán separados, aunque cercanos parezcan, cada uno ve a los que ama tan lejos como estrellas” La suerte está echada, R.L.Stevenson

Famoso por sus novelas de argumentos trepidantes y personajes inolvidables, lo cierto es que Robert Louis Stevenson fue analfabeto hasta los ocho años. Sin embargo, este hecho más bien anecdótico no le impidió convertirse en un novelista versátil cuyas obras se convirtieron en todo un clásico de la literatura de aventuras.


Debido a la mala salud de su madre, Stevenson no fue al colegio durante la infancia, ocho años en los que se crió feliz y despreocupado en un entorno burgués que lo preparó para una adolescencia de continuos viajes, acompañando a su padre, ingeniero de profesión, en muchos de sus viajes. Ingresó en la Universidad de Edimburgo para seguir los pasos de su padre y cursar estudios de Ingeniería Náutica, pero se dio cuenta de que no le gustaba y al poco tiempo abandonó la carrera para estudiar Derecho. Obtuvo la titulación universitaria y ejerció la abogacía, pero desde el comienzo tenía claro que sus inclinaciones profesionales estaban más en el ámbito de las letras.

Durante la juventud le sobrevino la tuberculosis, una enfermedad que lo acompañaría allí donde fuera hasta el día de su muerte. Fue esta la razón de que buscara los climas cálidos en los que su salud mejoraba considerablemente, si bien poco antes de su muerte el propio escritor reconocería esto en su última carta: “Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos”.

Con 26 años inicia una serie de viajes por el continente y sus primeros libros relatan algunas de estas peripecias. Fue en uno de estos viajes donde conoció a la norteamericana Fanny Osbourne, diez años mayor que él, de la que se enamoró perdidamente y con la que terminaría casándose años más tarde cuando ella consiguió tramitar los papeles de su divorcio. Stevenson tenía por entonces treinta años y acababa de trasladarse al Calistoga, en el oeste americano, para vivir su recién estrenado matrimonio. Pero su salud empeora de forma repentina y la pareja decide regresar a Edimburgo -ciudad natal del escritor- y posteriormente a Suiza y al balneario de Bournemouth, al sur de Inglaterra, poco antes de regresar a Estados Unidos para terminar instalándose en Nueva York. Durante esta etapa entabla amistad con Mark Twain.El escritor durante su estancia en Samoa

Stevenson es ya un escritor reconocido por novelas como La isla del Tesoro o El extraño caso del doctor Jeckyll y mister Hyde, sin embargo, los constantes altibajos anímicos que le provoca su enfermedad hacen que no se sienta del todo realizado, así que decide iniciar un viaje por aguas del Pacífico y recorrer los mares del sur. Pasará los últimos años de su vida junto a su mujer y la hija de ésta en la isla de Samoa, donde los nativos no tardarían en ponerle el nombre de Tusitala, “el que cuenta historias”. Serían años felices para el escritor que, sin descuidar su trayectoria literaria con obras como El diablo de la botella y otros cuentos o David Balfour, se unió a la causa aborigen contra la dominación alemana y defendió la causa del padre Damián en Hawai y la ayuda inestimable que esté prestó a los enfermos de lepra.

Pero también durante estos últimos años aumentó su afición por la bebida, algo que probablemente aceleró el desenlace de su enfermedad, y el 3 de diciembre de 1894, a los 44 años de edad, falleció en la isla de Samoa. Sus restos mortales fueron enterrados en el monte Vaea.

 

 

 

 

 

 

 

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