Robert E. Howard, una muerte épica

Fotografía de Robert E. Howard“¡Mi corazón está soldado al tuyo; mi alma es parte de tu alma!” – La reina de la Costa Negra

Tras enterarse de que su madre había entrado en como a consecuencia de la enfermedad que padecía, el creador de personajes tan famosos como Solomon Kane o Conan se quitó la vida disparándose en la cabeza con una Colt del calibre 38.

Robert E. Howard escribió sobre hombres valientes, invencibles, luchadores… Sin embargo, no supo hacer frente a las contrariedades del mundo real y decidió quitarse la vida justo un día antes de que su madre falleciera de tuberculosis.

Sin embargo, el dolor y la pena -al menos en la ficción- no fueron un impedimento para que grandes personajes salidos de su imaginación -como Conan el bárbaro, Solomon Kane o Kull de Atlantis- protagonizaran aventuras épicas que, junto a las novelas de J.R.R. Tolkien son consideradas la más destacadas de la fantasía heroica moderna.

Se relacionó con importantes escritores de la época y tuvo una amistad especial con H.P.Lovecraft, con el que intercambiaría correspondencia hasta el final de sus días.

Podría decirse que Howard era una persona de carácter tranquilo, familiar y casero, aficionado al boxeo y, sobre todo, sensible. Para fastidio de sus vecinos, se dedicaba a escribir sus novelas sobre todo por las noches, y en más de una ocasión recibió quejas acerca del ruido incesante de las teclas de su máquina de escribir.

Pero a pesar del éxito de sus novelas y de su prolífica carrera como escritor, pasó por muchas dificultades en el plano económico, sobre todo a raíz de que su madre tuvo que ser operada de la vesícula biliar. Eran momentos difíciles para el escritor, y se llegó a decir que perdió hasta siete kilos en un mes porque apenas tenía dinero para comer una vez al día. La revista en la que colaboraba había fraccionado y retrasado los pagos, y aunque le debían más de 800 dólares, Howard había contraído a su vez numerosas deudas derivadas de los gastos médicos de su madre.

Sin duda, esta situación agobiante influyó negativamente en el carácter del escritor, que desde hacía unos años ya había comenzado a barajar la posibilidad de suicidarse.

Pero la idea firme de llevar a cabo su propósito se gestó apenas un año antes de su muerte. A pesar de haber recibido tratamiento y de simular que aquella idea había desaparecido de su mente, a raíz del empeoramiento de su madre resurgen las dudas. Así se lo hace saber a Lovecraft en una carta el Doctor Howard -padre del escritor- cuando le escribe para comunicarle el suicidio de su hijo.

Antes del suicidio, Robert E. Howard habló con su agente y le dio instrucciones sobre lo que debía hacer con sus escritos. También se informó acerca de cómo sería un suicidio con un disparo en la cabeza y finalmente pidió prestada una Colt 380 automática.

El 8 de junio de 1936, la señora Hester Howard Sank entró en un coma irreversible, y en la mañana del 11 de junio, Howard se decidió a visitarla por última vez. Regresó a casa destrozado y convencido de lo que debía hacer, pero aún le quedó tiempo para despedirse del mundo con cuatro últimas líneas:

Todo voló, todo acabó

Por tanto levantadme sobre la pira

El festín ha terminado

Y la lámpara ha expirado.

Seguidamente entró en su coche y se disparó en la cabeza, desplomándose sobre el volante. Fue enterrado con su madre, que fallecía exactamente treinta y una horas después del suicidio de Robert E. Howard.

 

 

 

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