Roald Dahl, fabricando sueños desde las alturas

Roald Dahl“Si piensas llegar a alguna parte en la vida, tienes que leer muchos libros”

No hay duda de que Tim Burton rescató uno de los clásicos de Dahl con su versión cinematográfica de Charlie y la fábrica de chocolate. Pero lo cierto es que durante su trayectoria literaria, Roald Dahl creó todo un universo de sueños –tanto para niños como para adultos- mientras recorría el mundo tras los mandos de un Gladiator.

Roald Dahl, escritor británico de origen noruego, tuvo una vida llena de riesgos. Y es antes de comenzar a escribir sus famosos libros de relatos, Dahl se había convertido en piloto de la Royal Air Force.

Pero empecemos por los años de la infancia en los que, con posterioridad, el escritor encontraría gran parte de su fuente de inspiración. No se puede decir que fuera precisamente un niño travieso, pero lo cierto es que la curiosidad de Dahl era infinita y le arrastraba a hacer aquello que otros niños no se atrevían. Tras meter un ratón muerto en un tarro de caramelos de una tienda de golosinas para comprobar si el animal se convertía en regaliz, el director del colegio castigó al pequeño Dahl y a su grupo de amigos y su madre decidió sacarlo del centro y trasladarlo a un colegio privado de Derbyshire. Casualmente, en el nuevo colegio la empresa Cadbury enviaba con frecuencia sus nuevos productos para que los probaran los niños y a Dahl se le ocurrió la idea de crear un chocolate especial que muchos años después no se transformaría en el dulce en cuestión, pero sí en la que sería su segunda novela. También durante estos años, Dahl tomó por costumbre escribirle una carta semanal a su madre, algo que estuvo haciendo durante varias décadas hasta que ella falleció.

La pasión por la escritura y la imaginación desbordante condujeron a Roald Dahl a alimentar aquellas ilusiones infantiles con nuevos aires, por eso durante la adolescencia se convirtió en todo un aventurero. Decidió que no quería estudiar en la Universidad y se unió a una Sociedad de Exploradores con la que viajó durante varias semanas por Terranova. Aquél fue el punto de partida de su vida como viajero, pues al regresar, y con tan sólo 18 años, empezó a trabajar como representante en la petrolífera Shell que dos años más tarde lo enviaría a Tanganica –actual Tanzania- lugar en el que durante varios años vivió con todo tipo de comodidades. Pero a los 23 años Dahl cree que es conveniente darle un nuevo rumbo a su vida, así que se enrola en la Royal Air Force en Nairobi, con la intención de convertirse en piloto. Dahl realizó largos viajes pilotando solo sobre los impactantes paisajes africanos, tras los mandos de un viejo Gladiator, aunque no debemos olvidar que estos viajes, en apariencia idílicos, simplemente formaban parte de los escenarios de la II Guerra Mundial.

Durante una de las misiones, Dahl sufrió un accidente. Se dirigía desde Egipto hasta el desierto de Libia, donde debía repostar nuevamente y encontrarse con su escuadrón, pero no logró encontrar la pista de aterrizaje y se estrelló después de que, en un aterrizaje forzoso el tren se rompiera al colisionar contra una roca. Como consecuencia, Dahl se fracturó el cráneo y perdió la vista durante ocho semanas. Durante los cinco meses que estuvo ingresado en un hospital de Alejandría, nadie pensó que pudiera retomar su carrera como aviador,  pero lo cierto es que Dahl se mantuvo a los mandos de un avión durante muchos años más y participó en numerosas misiones en Grecia y Siria, donde también trabajó como miembro de la inteligencia británica.

Su carrera como escritor se inicia cuando Dahl recupera en cierto modo la tranquilidad después de ser trasladado a Washington como Agregado Militar Aéreo, un trabajo que podía compatibilizar con sus colaboraciones en el Saturday Evening Post, en el que aparecerían publicados sus primeros relatos acerca de su experiencia personal en la guerra.

A partir de entonces, Roald Dahl se dedica a vivir de sus recuerdos. Algunos los plasma en obras autobiográficas y otros los moldea para convertirlos en nuevas historias que, sin ser del todo ajenas, constituyen un universo imaginario.

Su primer libro para niños fue Los Gremlins, la adaptación de un guión encargado por Walt Disney con el objetivo de hacer una película basada en la leyenda que circulaba por la Royal Air Force acerca de unos misteriosos seres que provocaban fallos en los motores de los aviones. Finalmente, la película no se rodó –aunque unas décadas después apareciera algo similar con guión de Chris Columbus-, pero la novela sí se publicó.

Durante su estancia en Hollywood a expensas de Walt Disney, Dahl conoció a su primera esposa, con la que tuvo cinco hijos para los que a diario inventaba historias, por lo que no es de extrañar que se convirtiera en un prolífico escritor de relatos. Tras el fallecimiento de una de sus hijas y la hidrocefalia de su único hijo varón, Roald Dahl decidió involucrarse en proyectos para el desarrollo de cuidados médicos a la infancia, una trayectoria que continuó su hija Ophelia Dahl, directora y cofundadora de una asociación sin ánimo de lucro llamada “Partners in Health”. El compromiso del escritor con la infancia ha trascendido a la muerte del autor –el 23 de noviembre de 1990, de leucemia- a través de la Roald Dahl Foundation.

 

www.roalddahl.com

 

 

 

 

 

 

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