Retales y recortes

110 Kilómetros por horaEl Gobierno de ZP estrena disfraz estos Carnavales y sorprende a los ciudadanos españoles con un popurrí de genialidades para reducir el gasto energético de nuestro país.

Desde luego, se me queda cara de payaso. Aunque aquí los que deberían llevar nariz roja y peluca son los miembros del Gobierno y los que respaldan sus iniciativas de ahorro. Pero son de esos payasos con los que uno no sabe si reír o llorar, porque dan lástima y vergüenza ajena, pero de vez en cuando provocan una carcajada con las ocurrencias que ofrecen al público en un espectáculo que ya no sé si es de ingenio y humor o de ilusionismo.

Después de décadas y décadas invirtiendo dinero en la mejora y ampliación de las carreteras nacionales, resulta que se limita aún más la velocidad de circulación por autopistas y autovías. Una medida estupenda que dentro de unos cuantos meses se nos venderá con el envoltorio de un titular sobre la reducción del número de accidentes y de las emisiones de gases contaminantes… Sí, uno de esos titulares que publicarán todos los periódicos basándose en una nota de prensa que copiarán y pegarán sin pararse a valorar con criterio todos los ingredientes de la estadística realizada.

Se hablará también que, desde que las carreteras están menos iluminadas y gracias a la implantación de bombillas de bajo consumo, el gasto público destinado a la financiación de estos aspectos se ha reducido en un considerable tanto por ciento. Y quedarán justificadas la reducción de la factura del petróleo, la de los accidentes de carretera o la de las emisiones de CO2. En definitiva, todo ventajas. Ventajas que no estarían del todo mal si no se tratara, una vez más, de hacer política a través de la demagogia.

Y es que detrás de todas estas grandes ideas, hay grandes intereses recaudatorios que poco tienen que ver con la intención de favorecer el ahorro. Disminuir la velocidad de conducción en autopistas y autovías a 110 kilómetros por hora no va a suponer un ahorro importante en el consumo de petróleo, se pongan la peluca que se pongan para convencernos de ello. En cambio, favorecerá a que aumente el número de multas por exceso de velocidad y, consecuentemente, la recaudación del Estado. Tampoco nos hará un gran favor el hecho de que las carreteras estén menos iluminadas, teniendo en cuenta que hay localidades que llevan años reclamando más luz en las vías para evitar accidentes de tráfico. Y eso por no hablar de los costes que habrán de asumir las Comunidades Autónomas para adaptarse a esta nueva normativa que surge, como en tantas ocasiones, de la espontaneidad y el oportunismo, sin un claro objetivo y sin una planificación eficaz.

Se trata de soluciones incongruentes y contradictorias que, en esta ocasión, y por mucho espectáculo que traten de ofrecer los ministros, no parecen convencer a la opinión pública. La burla del Gobierno se convierte ya en una falta de respeto hacia los ciudadanos, en una auténtica tomadura de pelo y en una nueva chapuza populista para desviar la atención de los temas que verdaderamente nos afectan. Pero no es nada nuevo. La disculpa del precio del petróleo ha sido siempre un pretexto perfecto para realizar ese tipo de modificaciones rápidas que no dejan apenas tiempo para el análisis y que, aunque se implantan para hacer frente a una situación puntual, terminan convirtiéndose en una realidad irreversible.

Y de esta manera, Zapatero demuestra una vez más su manejo de la tijera para componer una política de collage con retales y retazos de lo que otros consiguen hacer, como mínimo, con algo más de cerebro.

Vagabundo Pérez

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