Reflexiones tras el Telemaratonazo

Opiniones diversas y dispersas han jalonado el desarrollo del telemaratón de Artiles y su resultado final.

Por una parte, se recrimina al presentador por un exceso de protagonismo en las formas, poco compatible con el fondo humanitario de su iniciativa. En el otro lado, quienes reconocen, admiran y aplauden un éxito material que pesa 350 toneladas.

En el bando de los detractores se insinúa un toque competitivo. Abundan otros comunicadores que parecen envidiar  la capacidad de convocatoria que ha exhibido Artiles. Cierto que el susodicho se ha erigido en figura mediática de primera fila y que ha dado opción a que algunos gestos de solidaridad lo fueran a cambio de promoción y publicidad gratuita…, o no…, incluida la propia cadena televisiva. Sin embargo, se impone considerar el objetivo final de esta especie de movimiento ciudadano, y si para alcanzarlo se han aplicado los medios adecuados.  A la vista de las espectaculares imágenes del hueco de la charca  cubierto de alimentos solidarios, el dictamen debe ser positivo.

Lo más reseñable del espectacular episodio urbano  puede concretarse en las siguientes conclusiones dictadas por el sentido común:

  • La sociedad civil es la única que puede resolver sus propios problemas.
  • La iniciativa popular es el revulsivo necesario para atajarlos.
  • La participación ciudadana, con su apoyo masivo, es imprescindible para alcanzar el objetivo planteado de inicio.
  • Un movimiento cívico de estas características requiere un aglutinante para que su esfuerzo se rentabilice con éxito. Un liderazgo, elemental pero suficiente, basta para dotar de fortaleza a todas las voluntades de buena fe.
  • Los responsables políticos quedan marginados en estas reflexiones. Su manifiesta incapacidad para resolver cuestiones que previamente ellos han provocado, los descalifica ante la dignidad del Pueblo Soberano al que deben pleitesía, aunque ellos lo ignoren.

Puede definirse el evento como un circo mediático que solo ha servido para poner un parche a la desidia institucional, puesto que los problemas de pobreza y hambre seguirán asolando a esta maltratada ciudadanía; pero de no haberse desarrollado así, ni siquiera la ayuda inmediata llegaría hoy a cubrir el desamparo  que, cuanto menos, durante unos días, el sufrimiento por la penuria se verá amortiguado.

Malo es que las autoridades se acostumbren a que se le resuelvan los problemas por este procedimiento, pues podrían acostumbrarse y pensar que saliendo en la foto es suficiente para justificar una poltrona donde permanecer arrellanados.

No parecen propensos a recibir como lección un acto de solidaridad masiva que debiera servirles como punto de arranque para tomar decisiones que dejasen de favorecer sus intereses  políticos en  favor del bien común para una ciudadanía que, desde luego, no merece miradas por encima del hombro ni de arriba  abajo.

“¡Qué buen vasallo si oviesse buen señor!…

Por esta parte, reconocimiento y aplauso al señor Artiles.

Ana Mendoza

Presidenta de la Asociación “Por la Rehabilitación del Parque Cultural Viera y Clavijo”

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