‘Rebirth’

Rebirth

Rebirth

¿Y si te dieran la oportunidad de comenzar desde cero?

Un amigo al que no ves desde hace muchos años reaparece en tu vida por sorpresa y te convence para que le acompañes en un fin de semana que hará que tu vida cambie para siempre. A pesar de que la idea no te seduce demasiado, acabas yendo al encuentro y cuando ya estás metido en el meollo resulta que tu amigo ni se presenta y que tú no tienes nada claro que te apetezca seguir en ese lugar. Eso es Rebirth en los primeros minutos de metraje: un argumento con muchas posibilidades.

En esos primeros minutos se abren muchas expectativas. No es fácil resistirse a la idea de un juego misterioso en una casa abandonada en la que cada habitación aparentemente guarda parte del secreto de tu futura felicidad. Quieres saber cómo es ese renacimiento. Quieres darle una oportunidad, igual que el protagonista.

Otra de esas películas que no cuentan nada nuevo

Pero ya está. En cuanto la maquinaria empieza a rodar te das cuenta de que todo se descalabra. Primero porque la película te recuerda sospechosamente a algo que ya has visto. Así que su punto fuerte, el golpe de efecto que se supone que te va a dejar con la boca abierta cuando llegue el final, ya lo conoces desde el principio.

Esa sensación de que los acontecimientos se demoran más de la cuenta te acompaña en cada minuto de Rebirth. “Si volviera a nacer no vería esta película”, te dices a ti mismo asumiendo con abnegación que cuando ya llevas media hora viendo algo en Netflix es muy difícil cambiar a otra cosa.

Rebirth se sostiene en una hipótesis que termina naufragando

Este tipo de películas me dan mucha rabia. Te dejas llevar por un argumento muy prometedor y al final te acaba encontrando con un telefilm que no dice absolutamente nada. El final de Rebirth es horroroso. Sin duda, lo peor de la película.

Primero porque ya te lo esperas y a continuación porque una serie de acontecimientos empieza a empañar la conexión más o menos lógica que hasta ahora tenía el argumento. Así que la historia se vuelve insostenible y presa de su fragilidad termina hecha añicos entre bostezos y miradas furtivas al reloj.

Y es que cuando piensas que ya todo ha terminado (de una manera inconexa, pero un final al fin y al cabo), se le da un giro de tuerca al absurdo añadiendo unos minutos más de metraje mientras se presentan los créditos del final. A alguien se le debió pasar por la cabeza que era una idea fantástica para justificar todo lo injustificable de la película, pero si no has podido hacerlo en los cien minutos anteriores, no pretendas meterlo ahora con calzador.

Una lástima de argumento y un gran error de sábado por la noche. Pero con Netflix es siempre una lotería.

Celina Ranz Santana

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