Quizás el bipartidismo no fuese tan malo

bipartidismo A la vista del panorama actual conviene reflexionar sobre las vicisitudes políticas del pasado, con la vista puesta en el futuro

Para ello es necesario analizar el presente y sopesar pros y contras de una estructura electoral hoy atomizada en variopintos  partidos emergentes unos, otros escindidos de formaciones matrices, en comparación con aquellos dos bloques concretos, configurados desde antaño, en los que se definía sin ambages el tópico de las Dos Españas, representadas simbólicamente en el cuadro de Goya “Duelo a garrotazos”,  en el autoepitafio de Mariano José de Larra, poco antes de suicidarse en plena guerra carlista: “Aquí yace media España, murió de la otra media”… o la dolida glosa de Antonio Machado:

Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza
entre una España que muere
y otra España que bosteza
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.

El tránsito de los siglos pareció enconar la dicotomía patriótica de los españoles. No se suavizó con los años, pues frustraciones históricas como las guerras carlista y los desastres del 98, influyeron en que las generaciones intelectuales se dividieran en los dos consabidos bandos. Incluso algunos evolucionaron de uno a otro en su trayectoria. Unos partieron de izquierda a derecha, de posiciones reivindicativas sociales y humanitarias, contra la visión tradicionalista que acabaron asumiendo: (Ramiro de Maeztu, Azorín, Unamuno, Pío Baroja…). Otros evolucionaron al contrario: (Valle Inclán, Antonio Machado…), pasaron de posturas conservadoras a otras más progresistas. Así se gestó la confrontación bélica de la dictadura contra el comunismo.

Todos sufrieron la tragedia de la “doble España». Los comprometidos intelectuales eran reivindicados por la filosofía  republicana  o  por el pensamiento franquista, según procediera.  En realidad, vivieron de forma trágica la separación de las Dos Españas, y todos ellos participaron en la cuestión sin encontrar respuesta.

Quizá el ejemplo lo diera la lamentable separación  de los hermanos Machado: Manuel, en el bando nacional y Antonio, en el republicano.

Por citar también a Ramón Franco, hermano del dictador, heroico aviador republicano (piloto del PLUS ULTRA, 22 enero 1026, de La Rábida a Buenos Aires), repudiado por su familia y fracasado en su fallida actividad política.

Luego, en la generación de 1914, europeísta y modernizadora, hubo intelectuales involucrados en política (Ortega, Azaña, Pérez de Ayala) que también optaron por colorear sus ideologías de un lado u otro. Muchos otros autores de esta generación aparecen como los principales contribuyentes del debate sobre las Dos Españas después de la guerra civil; algunos desde el exilio (Salvador de Madariaga, Claudio Sánchez Albornoz…).

Una vez centrado el problema, que lo es, conviene reconocer su inevitabilidad. Demostrado como mal endémico que somos un país raro que, tras haber superado con éxito, cierta armonía y sin violencia, el tránsito de una dictadura de 40 años, hacia la democracia de un Estado de Derecho, con una Constitución basada en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en lugar de sentirnos orgullosos de lo conseguido para ejemplo de otros pueblos menos afortunados, nos convertimos en el hazmerreír de todos y en el bochorno de hacer un ridículo internacional, porque nuestros padres patrios tiene una liada impresentable que da validez a la supuesta cita de Bismarck: “España es el país más fuerte del mundo: los españoles llevan siglos intentado destruirlo y no lo han conseguido”.

Desde su inicio, nuestra trayectoria democrática ha mantenido cierto equilibrio y alternancia en el poder, en formato de dos bloques consolidados con los adláteres correspondientes que, como apéndices complementarios, contribuían a ganar elecciones y mayorías absolutas a diestra y siniestra. Por desgracia, la mala praxis en la gestión del poder, indujo en los grandes el chalaneo progresivo de votos con partidos menores, algunos descaradamente anticonstitucionalistas, pero con la capacidad de ejercer de bisagra en plan chantaje mafioso, a cambio de exigencias egoístas que se iban cargando el principio de solidaridad preconizado por el Estado de las Autonomías. El sistema ha resultado un penoso fracaso ante un brutal gasto público que sería inasumible hasta para el país más rico del mundo, cual no es nuestro caso.

¿Por qué el bipartidismo de antes daba cierta estabilidad? Por supuesto, no era tampoco el sistema ideal; pero sí quizá el menos malo; o menos malo que el circo actual de pactos contra natura; un impresentable juego de tronos donde priman ambiciones personales, intereses de partido y negocio de trileros. Los derechos del pueblo soberano, que paga demasiado generosamente a los servidores públicos que ha contratado en las urnas, quedan marginados por el insulto del olvido y el perjurio de las promesas incumplidas.

Es imprescindible una reforma electoral que rescate el bipartidismo, el de un lado y el otro, en favor de la alternancia. Son necesarias listas abiertas. Y perentorias las segundas vueltas cuando el caso lo requiera.

La consolidación de los dos bloques, bajo el nombre que sea, impedirá la injerencia y contaminación de formaciones residuales, de partidos advenedizos y oportunistas  que pretenden  fagocitar los núcleos matrices. Es magnífico poder gritar ‘¡Viva España!’. Pero mucho mejor sonará ¡Vivan nuestras dos españas!’

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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