Quino, el ideólogo moderno

Quino y Mafalda“¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?”

A través de la mirada de una particular niña de seis años -Mafalda-, Quino se convirtió hace ya casi medio siglo en uno de los grandes observadores de la actualidad.

Más que un historietista, Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, se ha convertido en un auténtico cronista de la edad moderna.

Nació en Mendoza -Argentina- en 1932, en el seno de una familia de emigrantes españoles y se crió prácticamente con su tío Joaquín -dibujante publicitario-, ya que sus padres fallecieron prematuramente. Éste hecho influyó decisivamente en el carácter de Quino, que durante su infancia fue un niño reservado y taciturno, una actitud que le permitiría ir desarrollando de forma muy íntima su pasión por el dibujo. De esta manera, Quino descubre su verdadera vocación, por lo que tras finalizar la escuela primaria decide cursar estudios de Bellas Artes. Pero no terminará su formación profesional ya que, dentro del dibujo, el historietista quiere dedicarse a un oficio muy concreto: dibujar viñetas. Pero hasta 1950, y a pesar de su importante producción artística, Quinos no conseguirá vender ninguna de esas historietas, una publicidad sin demasiada trascendencia para una pequeña tienda de Buenos Aires. Cansado de probar suerte en la capital sin obtener resultados, regresa a Mendoza y realiza el servicio militar, tras el cual decide instalarse definitivamente en Buenos Aires.

Su primera página de humor gráfico vería la luz en esta ciudad, pero hasta unos años después no logra mantener una sección fija orientada a este género, así que las circunstancias económicas en las que vive son bastante precarias. Así que realizará varios trabajos publicitarios para ir saliendo del paso hasta que en 1962 el semanario Primera Plana publica por primera vez la viñeta que lo catapultaría a la fama internacional: Mafalda. Por primera vez el artista conseguía una tira fija en una publicación y unos años después Mafalda se convertía en un apartado diario -e imprescindible para muchos- del periódico argentino El Mundo.

Durante toda una década Quino se dedicó a la producción incesante de Mafalda, una inteligentísima niña de seis años que odiaba la sopa y a través de cuya mirada -a veces inocente, a veces sólo satírica- el autor conseguía reflejas las inquietudes y preocupaciones de la clase media argentina. En definitiva, un mundo de niños que jugaban a ser adultos.

Pero Quino sólo aguantó diez años. Agobiado por la intensidad del trabajo y por su máxima entrega a este proyecto, el artista lo abandona y se traslada a Milán con su esposa, donde continuará haciendo humor gráfico, aunque sin lograr la misma repercusión que obtuvo con Mafalda. Tras vivir unos años en Italia y otros tantos en Madrid -consiguiendo además la doble nacionalidad-, regresa definitivamente a Buenos Aires.

Como nota curiosa, Mafalda sólo ha reaparecido una vez en los medios. Sucedió en en octubre del años pasado: después de haber guardado silencio durante 33 años, Mafalda utilizaría el periódico italiano La Repubblica para criticar unas declaraciones misóginas realizadas por Silvio Berlusconi.

 

 

 

 

 

 

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