Quiero ser como Pauli

Paulino RiveroUno de los grandes y sorprendentes éxitos de Televisión Canaria en sus últimas temporadas ha sido el programa presentado por Pepe Benavente. Es el final feliz a una historia que, por lo que parece, ha conmovido el corazón de los canarios (y las canarias, para que no se nos enfade nadie). El triunfo de un humilde soldador que soñaba con ser cantante parece sacado de un guión de cine, de uno de esos que tanto gustan en Hollywood.

Después de toda una vida con más éxito entre los tanques de la Refinería que sobre los escenarios, la suerte, la casualidad o, ¡quién sabe!, el destino llevó al bueno de Pepe a hacernos más llevaderas (o más insufribles, según se mire) las pausas publicitarias de Telecinco. Con un repertorio de canciones de toda la vida y más voluntad que talento, el Sr. Benavente comenzó a vender más discos que nadie, a llenar plazas por toda la geografía canaria y, finalmente, a presentar su propio programa.

Los asesores de nuestro Presidente del Gobierno han aprendido mucho de esta entrañable historia y llevan tiempo aplicando sus enseñanzas a la hercúlea tarea de mejorar la pobre imagen que las canarias (y los canarios) tenemos de su jefe. Al igual que hizo la cadena de Berlusconi con la “Voz del Pueblo”, la Nuestra pone en pantalla continuamente a Paulino Rivero. Es frecuente verlo en 2 ó 3 noticias distintas en cada informativo. Aparece inaugurando colegios, negociando partidas presupuestarias, preocupadísimo por el desempleo o arrancándole hasta el último euro a los avaros buitres de Madrid. Pauli, como Pepe, también quiere ser la “Voz del Pueblo”. Por eso participa en todas las romerías, fiestas, verbenas y cumpleaños que se precien, celebra los éxitos del deporte canario o participa en los distintos Carnavales de las Islas. Le encanta empolvarse con los Indianos de La Palma, disfruta enyugándose con la pella de gofio que “espontáneamente” le arroja una carroza majorera y es feliz retratándose junto a una Drag Queen cuyo ombligo le queda a la altura de la nariz. El olfato de sus asesores ha dado en el clavo.

Pauli, como Pepe, también tiene unos orígenes que podrían calificarse de humildes. Comenzó como profesor de primaria en un pequeño pueblo del norte de Tenerife. Luego vendría la Alcaldía, el Cabildo e, incluso, las Cortes Generales de Madrid, donde llegó a presidir la Comisión Parlamentaria sobre los Atentados del 11 de marzo (y a crecer varios centímetros, según sus más allegados). No me cabe la menor duda de que l@s canari@s sentimos fascinación por este tipo de historias de superación personal. De no ser así, es difícil explicar que el candidato del partido menos votado en unas elecciones pueda presidir el Gobierno de una Comunidad sin que nadie parezca indignarse. También es la clave para entender muchas otras situaciones peculiares, como que la cadena que tiene a un soldador como presentador estrella esté dirigida por un disc-jockey o que la (casi) analfabeta concejal de Patrimonio de la co-capital autonómica no sepa lo que es una O.N.G.

Forjados en la “Universidad de la vida”, el presentador soldador, el director DJ y el Presidente omnipresente forman la Santísima Trinidad de la cultura popular canaria. Dice el Corán, que no la Biblia, que se debe dar gracias a Alá, porque por muy grande que sea nuestra desgracia siempre puede ser peor. Pepe Benavente ha sido sustituido por el mero Pancho en Telecinco y por Jaime Marrero en la Nuestra. ¿A quién veremos como Presidente cuando Pauli no esté?

El Palmero Justiciero

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