“¿Me conoces, mascarita?”

Carnaval en la calleAlberto Cartagena

Faltan apenas unos días para la cita que miles de canarios (y no pocos foráneos) llevamos esperando casi un año. Se acerca el momento en el que el abogado, la cajera del supermercado, la jubilada y el vecino del quinto se olvidan por unos días de sus (en ocasiones, anodinas) vidas y se convierten en divertidos payasos, elegantes princesas, monjas de moral ligera o insinuantes hawaianas de pelo en pecho.

Sólo hace falta una peluca, retales, algún que otro complemento y un poco de maquillaje. Muchas veces ni siquiera eso, porque el mejor disfraz es el que se lleva por dentro. Nuestro espíritu carnavalero es lo que hace que nuestra fiesta sea reconocida internacionalmente.

Pero, aunque muchos de ustedes estarán leyendo esta web con un puñado de lentejuelas en una mano y una aguja en la otra (¡cuidado, porque las carga el diablo!), estoy seguro de que muy pocos conocen realmente el significado de la fiesta. Algunos dirán: “¡Y a mí que me importa, mientras haya copas, música y muchachas de buen ver (en realidad, estos individuos definen con otras palabras la belleza del género femenino, pero he preferido ejercer la autocensura)!”. Pues sepan, crápulas de la noche, que no son ustedes los primeros que disfrutan de esta maravillosa fiesta. Que sus abuelos, sus bisabuelos e incluso los antepasados de éstos ya celebraban el Carnaval con todo tipo de excesos. En estas ciberpáginas nos vamos a encargar de sacar a la luz esas historias llenas de nostalgia, valentía, ternura y, sobre todo, sorpresa.

¿Sabían que la primera Reina del Carnaval no recibió el título de “Reina” sino el de “Miss” porque en tiempos de la República no era adecuado coronar a una monarca aunque fuese de la belleza? ¿Alguien se creería que uno de los máximos impulsores de la Fiesta de Sta. Cruz de Tenerife en tiempos de Franco fue un Obispo? ¿Qué me dirían si les digo que una murga de La Graciosa ganó en una ocasión el concurso de Arrecife? Pues sí, amigos de Don Carnal, la historia de este glorioso invento está plagada de curiosidades y anécdotas sorprendentes que iremos desvelando en estas cibernéticas páginas. Y es que el Carnaval tradicional ha vivido y cambiado tanto que podría decirle al de ahora aquello de “¿Me conoces, mascarita?”.

 

Alberto Cartagena

 

 

 

{backbutton}

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.