“Escribir es como hacer el amor con una mujer que te gusta”

Alberto Vázquez-Figueroa

Ha trabajado como corresponsal de guerra en los conflictos más importantes de nuestro tiempo, ha dado la vuelta al mundo en velero, ha dirigido películas de cine y ha escrito más de cuarenta novelas, una de las cuales –Garoé– recibía este año el Premio Alfonso X El Sabio de novela histórica. Alberto Vázquez-Figueroa hace una pausa entre proyecto y proyecto para dejar su firma en nuestra Tortilla Literaria.

¿Cómo prefiere definirse? Como escritor, periodista, inventor, aventurero…

Yo soy una persona normal y corriente, sólo que he hecho unas cuantas cosas un poco raras en la vida.

Sin embargo, a pesar de que ahora tenemos muchas más facilidades para hacer algunas de esas “cosas raras”, viajar, acceder de forma sencilla a la información, ¿qué ha pasado con esa idea romántica del escritor, del aventurero o del periodista?.

La gente tiene la vida muy cómoda porque lo ve todo por televisión o a través de Internet y considera que no hace falta moverse. Probablemente yo en esta época hubiera sido igual, pero en la época en que me tocó vivir, si querías ver el Machu Picchu tenías que ir al Machu Picchu y si querías ver la selva amazónica tenías que irte allí. No te sentabas en la comodidad del salón de tu casa a esperar a que te lo enseñaran todo, ya hasta en tres dimensiones, que lo único que falta son los mosquitos… Por supuesto, han influido otros aspectos, como que de niño me crié en el desierto del Sahara y estuve allí hasta los dieciséis años, y otras circunstancias de la vida que, en cierto sentido, también están muy ligadas al espíritu que cada uno va desarrollando.

“La gente cree que escribir es un negocio”

De todas las vivencias que ha tenido, ¿cuál repetiría y cuál no?

Para nada, el rescatar los cadáveres del Lago de Sanabria cuando se hundió la presa. Yo tenía 22 años y estábamos allí, en Zamora, en el mes de enero y con el agua a dos grados, recogiendo cadáveres. Entonces no existían trajes de inmersión como los de ahora y teníamos que trabajar en aquellas circunstancias para sacar a más de cien cadáveres. Fue horroroso.

Y en cuanto a la experiencia que me gustaría repetir, una noche en las cataratas de Iguazú, haciendo el amor debajo del arcoiris de luna, que es el único sitio en el mundo en el que se forma un arcoiris así en las noches de luna llena.

Y si no hubiera viajado tanto y vivido tantas experiencias, ¿hubiera sido capaz de escribir tantas novelas como ha escrito?

No, por supuesto que no. Imagínese que yo me hubiera quedado toda la vida en las Islas. ¿Qué podría escribir? Pues lo que es Gran Canaria, Tenerife o Lanzarote… y ya está. Se hubiera agotado mi fuente. Yo he tenido que viajar y ver y vivir para escribir la clase de libros que he escrito.

Además de los viajes, ¿algún escritor que le haya influido significativamente?

En la adolescencia me gustaba mucho Stevenson, Verne, London, al principio Hemingway… -aunque nunca fue uno de mis favoritos-. En general, todos los escritores que han escrito sobre viajes y aventuras. Los libros políticos, los románticos o los de terror… no me gustan.

¿Es sencillo introducirse como escritor en el mundo editorial actual?

Es muy sencillo porque, ahora mismo puedes editar tu libro electrónico y hay empresas que por muy poco dinero te lo ponen en la red e incluso te editan físicamente los ejemplares que quieras. En mi época no. Era muy complicado convencer a un editor para que se arriesgara con una tirada mínima de quinientos o mil ejemplares y convencerle de que la obra valía la pena… Era muy arriesgado, casi imposible. Hoy en día con las técnicas modernas cualquiera puede editar. Y ahora que todo el mundo va a tener un libro electrónico, pues lo tienes más sencillo para colgarlo en la red y que la gente te empiece a leer, como ocurre con algunas de las obras que tengo en mi web y son de acceso gratuito.

Lo que pasa es que ahora los escritores quieren ganar dinero desde le primer día: hacer un libro y empezar a ganar dinero. Yo escribí mi primer libro a los dieciséis años. Hubo muchos que nadie quiso publicarme aunque logré publicar unos quince. Pero sólo empecé a ganar dinero cuando tenía treinta y nueve años. Lo que hay que tener son ganas de escribir. La gente cree que escribir es un negocio. Pero escribir es como hacer el amor con una mujer que te gusta: lo haces porque te apetece y porque te hace feliz. Y si un día resulta que tienes la suerte de que te paguen por eso, pues fenomenal. Pero la cuestión es que realmente te guste hacerlo. Pensar que vas a ganar dinero desde el primer día es como pensar que vas a ser el más chulo entre las mujeres desde el primer día.

En el ámbito literario ya ha demostrado que la perseverancia es una de las cualidades que le caracterizan. Pero, ¿cómo lo lleva con su faceta de inventor?. Por ejemplo, con el proyecto de la desaladora y el hecho de que los Gobiernos no lo tengan en consideración.

En este tema lo único que podemos sacar en claro es que existen muchos intereses de por medio. A un político le dices que tienes un invento que es buenísimo para el país pero que aquí no vas a ganar ningún dinero y te contesta “¿entonces para qué lo hago?”. Estamos en un mundo controlado por los intereses económicos de determinadas clases. En Gran Canaria, por ejemplo, todo el agua está en manos de una empresa francesa y no les interesa en absoluto que el agua sea barata: cuanto más cara sea el agua, mayor es el porcentaje que ganan. Y en España, el ochenta por ciento de los ayuntamientos ha dejado la gestión del agua en manos de cuatro empresas francesas. Contra esos intereses es muy difícil luchar, aunque se tengan buenas ideas.

“Los políticos no pueden ser honestos y, si resulta que eres honesto, no puedes ser político”

¿En alguna ocasión ha pensado en tirar la toalla?

No. Si yo me hubiera rendido durante los diez primeros años en los que no conseguí vender ningún libro, mi vida hubiera sido muy diferente o hubiera sido cualquier otra cosa, pero no escritor. Hay que saber actuar rápido y actuar bien, y cuando las cosas no salen a la primera, hay que seguir intentándolo de mil maneras. Se pueden hacer muchas, muchas cosas. Yo nunca conseguí acostarme con todas las mujeres guapas que se cruzaron en mi camino, pero nunca me arrepentiré de no haberlo intentado. Con alguna sí que lo conseguí, aunque fuera muchos años más tarde…

El caso es que en el ámbito de la política hay un problema de base: los políticos no pueden ser honestos y, si resulta que eres honesto, no puedes ser político.

Con tantas ideas como se le ocurren, ¿no habrá patentado una para superar la crisis?

Ahora mismo tengo una idea que se está llevando a cabo para reducir hasta un treinta por ciento el precio de todos los libros del mundo. Es una idea muy simple y muy factible, pero es el Ministerio el que tiene que decidirse. Espero que dentro de muy poco tiempo tengamos buenas noticias al respecto. Al menos desde el punto de vista de una parte importante de la cultura, se podría combatir la crisis económica.

Con una biografía tan interesante, con tantos proyectos y tantas experiencias, ¿hay algo que le quede pendiente por hacer?

Mil cosas. Cada día estoy haciendo cosas nuevas y el día que no esté pendiente de algo, me moriré. Me sorprende la gente que dice que se quiere retirar, que ya no quiere trabajar… Yo tengo setenta y cuatro años y cada día estoy más ilusionado con lo que hago. Pero claro, hago lo que verdaderamente me gusta. Cuando dejamos de pensar, estamos acabados.

Celina Ranz Santana

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