Puestos a elegir

OscarNo sé qué haría si me dieran a elegir entre Naomi Campbell y Mónica Bellucci. Entre oír un tema de Antony and The Johnsons o uno de U2. Entre un bocadillo de chorizo o uno de nocilla. A veces creemos que la posible estancia en una isla desierta nos ayudaría a conocernos mejor a nosotros mismos.

Oigo estos días en un programa de radio una pregunta lanzada a los escuchantes: qué disco te llevarías a una isla desierta si tuvieras que elegir sólo uno. Para mi sorpresa, he escuchado que varios oyentes optan por algún disco de Queen. Yo, personalmente, si estuviera en una isla desierta y la única posibilidad de esparcimiento fuera oír una y otra vez a Queen, creo que encontraría otra fuente de ocio: hacerme una cuerda con tiras de mi propia ropa y colgarme del árbol más cercano.

El asunto de las elecciones vitales es un tema tan recurrente como aburrido cuando éste se plantea desde un punto de vista artístico (fílmico, hablemos claro) pobre, pero no voy a hablar aquí de las películas que versan sobre este tema sino más bien de las películas que se ven afectadas por elecciones de este tipo.

Hablamos de selecciones. De gustos. Selecciones que marcan la vida de algunos, gustos que tuercen la línea de acontecimientos de muchas trayectorias vitales. Esto es, ¿cómo pueden competir por un premio dos películas de altísima calidad y de temática diferente? ¿Por qué elegir entre acostarse con Naomi Campbell o Mónica Bellucci? (Amor aparte). Si estas dos diosas se colocan delante de ti y te dicen “ella o yo”: ¿qué hacer? Lo mismo digo para aquellas o aquellos que tuvieran que escoger entre, pongamos, Brad Pitt o Johnny Depp.

Dentro de la misma temática opcional, me parece detectar que cierto número de personas cuyas necesidades básicas están sobradamente cubiertas se dedican a conocerse a sí mismos a través de la realización de determinados listados de gustos personales. Sustituyen así al psicoanalista por el módico precio que suponen un papel y un lápiz. Es así como se elaboran listados de todo tipo: mis mejores películas, mis mejores canciones, mis mejores…

Si nos ponemos sinceros en esos listados se produce un fenómeno (a mi juicio) tan inocente como vil: que los demás se enteren de lo interesantes y cultos que somos. Y ello se produce también en los jurados de los arriba mencionados premios para las películas, en los cannes, óscares y locarnos varios los jurados deben hacer su nueva lista para conocerse a sí mismos y hacerse valer ante los demás. Gabriel García Márquez cuenta que en cierta ocasión presidió un importante jurado y la elección de la película ganadora fue realmente dura pues las dos más destacadas eran tan buenas en sí mismas como diferentes entre sí. Creo recordar que hubo premio ex –aequo. Y si no lo hubo, quizás debió haberlo.

No me voy a definir, no voy a proyectarme ante los demás. Baste decir que si una noche me encuentro con Naomi Campbell y Mónica Bellucci en un bar de La Laguna (si otros se imaginan escuchando a Queen en medio del océano, yo imagino lo que me da la gana) y me dan la opción de elegir, creo que les propondría un bonito ex –aequo.

Alberto García

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.