Psicópatas sociales

Carmelo Jorge Delgado

Dicen los estudiosos de la mente humana, hay gente para todo, que los grandes asesinos en serie son habitualmente psicópatas, facultados para sus terribles actos por una carencia completa de empatía que los hace invulnerables a cualquier consideración sobre el efecto que sobre las victimas y sus familias tienen sus actos.

Pero la carencia de empatía, la ceguera emocional que impide entender que el mundo tiene tanta visiones y explicaciones como personas existen y que estas visiones están condicionadas por el papel y el sitio que cada uno ha jugado en su vida, se extiende hoy como una epidemia por esta sociedad que a base de sacrificar valores en el altar del dinero se ha privado de antídotos eficaces contra esta infección de desparpajo y de mezquindad personal e intelectual.

Dice el primer ministro italiano, Sr. Monti, que los jóvenes se tienen que acostumbrar a no contar con un trabajo fijo, entre otras razones de menor importancia porque tener un trabajo fijo es algo aburrido y que lo realmente gratificante es enfrentarse a nuevos retos permanentemente y expresa de esta manera su propia experiencia personal traspolando su trayectoria vital a todos los habitantes de Italia como poco.

Si repasamos la lista de trabajos del Sr. Monti, veremos que ha sido ministro del gobierno italiano, diputado, senador, ejecutivo del Banco Central Europeo, del Fondo Monetario Internacional, de algún fondo de inversión privado, es decir una vida llena de nuevos retos y salpicada de cambios de ocupación y de escenario. Claro en entre otra serie de pequeños detalles al Sr. Monti se le olvida ilustrarnos a cuánto ascendía su retribución anual y las indemnizaciones en el cese de cada una de estas actividades.

Vista desde esta óptica lo cierto es que no parece una vida aburrida, ni pobre, ni en absoluto precaria. Desde su corbata de seda, su traje de moda, sus manos arregladas, su corte de pelo a navaja y su patrimonio personal el sucesor de Berlusconi les recomienda a los jóvenes italianos su experiencia personal y les recomienda que no se habitúen al trabajo fijo, que no se aburran.

Claro que la realidad de millones de jóvenes italianos como la de millones de españoles o portugueses o griegos es un peregrinaje sin fin por puestos de trabajo precarios con salarios aún más precarios y con una expectativa vital reducida por la falta evidente de oportunidades. El profesor Monti lo que les propone a los jóvenes no es saltar de directiva a directiva, no es intercambiar indecentemente su posición en el sector público y privado lucrándose personalmente en cada cambio. No, lo que les propone es pasar de mozo de almacén a peón de la construcción y de ahí, a repartidor de propaganda por buzones y de ahí, a parado hasta conseguir otro subempleo. Ése es el futuro al que quieren acostumbrar a los jóvenes, el presente que les están imponiendo, el presente que está destrozando la legitimidad social de nuestro modelo de convivencia y la sostenibilidad de nuestro modelo productivo.

Porque la crisis se inició en las hipotecas basura diga lo que diga el Sr. Monti y las hipotecas basura sólo fueron posibles cuando los bancos tuvieron que seguir extendiendo su negocio y llegaron a los bordes del empleo precario, la crisis financiera ha tenido una relación directa e innegable con la precariedad laboral, con el crecimiento desmedido. El empleo fijo no es una cadena perpetua que no se pueda abandonar es una garantía de ingresos regulares que permite que la mayoría de la población se integre plenamente en los canales de consumo a corto, medio y largo plazo, incrementando exponencialmente la demanda interna y la actividad económica, es la percha donde se sostiene el ejercicio de la autonomía personal y de gran parte de los derechos de la ciudadanía y que personas como el Sr. Monti no necesiten el empleo para eso, solo habla de una casta de dirigentes que viven en otro mundo, que no comparten los problemas de la mayoría y que con declaraciones como ésta evidencian que son también incapaces de situarse, al menos durante un minuto, en nuestra piel que ni siquiera piensan un segundo en cómo se verá la misma obra de teatro desde la grada general allí donde la seda es imitación, los trajes son de pana y las manos se arreglan con jaboncillo.

 

Carmelo Jorge Delgado

Secretario de economía y políticas sectoriales.

Comisiones Obreras Canarias

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.