Prólogo a una gran obra

Carlos Castañosa

¡Va por ustedes!

Un sugerente título como brindis para cuadrar un argumento que, a las primeras de cambio, indica cómo el autor ha tenido que atarse bien los machos para que sus personajes no salieran distraídos a partir de unos perfiles propensos al relance, pues parecen tener vida propia sin que el narrador pueda parar, mandar y templar como ordenan los cánones.

Cambiando de tercio, no conviene entrar al trapo de críticas tendenciosas, porque lo fácil es verlo desde la barrera, sin objetividad,  juzgando a toro pasado para orquestar una campaña de acoso y derribo, en lugar de asomarse al balcón de la verdad sin escurrir el bulto, para terminar pinchando en hueso.

Debo aquí echar un capote al autor y entrar al quite para parar los pies a detractores que, con sus puyazos sibilinos y malas querencias, cargan la suerte con intención de rematar la faena y dejarlo para el arrastre. Sin embargo, consiguen lo contrario: se crece al castigo. Tras el revolcón, se viene arriba con su calidad  literaria y, lejos de estar de capa caída, tira de casta, coge el toro por los cuernos, se pone el mundo por montera y con el apoyo moral de su editor, mas su entidad creativa, se embragueta sin intención de tomar el olivo, quiebra las asechanzas adversas para, con una larga cambiada, ponerse en disposición de armar el taco. Nadie podrá darle la puntilla.

Tras su exposición en un brillante primer tercio de la trama novelada, donde sus personajes hacen el paseíllo, ya se configura como un primer espada de las letras. El apoteósico quinto capítulo (no hay quinto malo), lo consagra como un  genio y figura de la narrativa moderna. Para él llegó la hora de la verdad tras la alternativa tomada de manos de la Editorial. Está en capilla ante la inmediata presentación del libro, que sin duda culminará con la suerte suprema, ¡en todo lo alto!, para merecer una puerta grande por la que  salir del ruedo donde ha triunfado con esta gran faena literaria y, si el tiempo no lo impide, para entrar en corto y por derecho en el camino de gloria que otros le marcaron antes de cortase la coleta. ¡Enhorabuena, Maestro!

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P.D.: Con todo mi respeto a los legítimos detractores de la Fiesta y para los vegetarianos que lo son por  amor a los animales. Y también mi profunda admiración por todos los genios de nuestra cultura que encontraron inspiración en la Tauromaquia como motivo y argumento para la exaltación y disfrute de su sensibilidad artística…

Me apeteció dejarme caer en la tentación de este artificio o simulación para rendir un humilde homenaje a nuestra privilegiada Lengua, que permite adaptar con naturalidad al decir cotidiano una terminología tan específica, extensa y  sublime.

Es difícil imaginar que pudiera traducirse literalmente el texto a otra lengua. Nadie entendería nada. Quizá solo se trate de un detalle más que hace del idioma español un patrimonio genuino. En esta ocasión… gracias a un ritual centrado en el toro bravo,  el animal más bello de la Creación, merecedor de admiración y respeto.

 

 

Carlos Castañosa

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