Prende la luz

El término de ‘parado de larga duración’ se me queda ya corto. Me hago viejo, se me secan las ideas y me quedo sin expectativas. Debe de ser que, como dicen algunos, he adquirido el ‘mal hábito’ de no trabajar.

Cuando he empezado a escribir este artículo solo me apetecía escribir palabras malsonantes. Un ataque de palabrotismo de esos en los que al final acabas soltando las cuatro mismas expresiones, como en bucle, porque es tanta la rabia que no hay tiempo de que el cerebro procese lo que el corazón quiere decir. Supongo que hace ya tiempo que me empecé a quedar sin ideas, que me ‘suicidaron’ lentamente quitándome las expectativas y la ilusión.

En algún momento conservé la esperanza de volver a trabajar ‘de lo mío’, de aquello para lo que invertí varios años de mi vida, de mi tiempo y de mi esfuerzo. De aquello para lo que me estuve preparando. De aquello que no sirvió para nada porque nunca hubo un trabajo en el que me pidieran mi título de periodista. Hoy me da un vuelco el corazón cada vez que suena el teléfono porque aún espero a que me llamen para un trabajo de dependiente en un supermercado. Un trabajo al que aspiro solo porque me inventé un pasado como cajero y reponedor: nunca me pidieron que demostrara que pasé por la Facultad de Ciencias de la Información, pero ahora me piden años de experiencia colocando cajas en una repisa.

Es el país del absurdo, el país estercolero en el que la basura empieza a escurrírsele por los bordes. El país en el que un tipo puede decir que “la única solución para salir de la crisis es trabajar más y cobrar menos” y, años después, ser detenido por sus operaciones financieras fraudulentas. Qué majete el ex presidente de la CEOE -Díaz Ferrán- que, además de dejar a cientos de personas sin empleo y a cientos de viajeros tirados en los aeropuertos por la nefasta gestión de sus empresas, se atrevió a soltar perlitas como ésta.

En la misma línea, el secretario general de la OCDE -José Ángel Gurría- ha dicho recientemente que es lógico que los empresarios contraten a aquellas personas que llevan menos tiempo en el paro porque los que llevan mucho tiempo desempleados “pueden haber adquirido el mal hábito de no trabajar”. Y aquí se me vuelven a acumular palabras malsonantes en la boca. Si esto es todo lo que tiene que aportar la Organización para la Coorperación y el Desarrollo Económico, que me quiten el carnet de ser humano. Por si no fuera poco, el señor Gurría es partidario de una nueva reforma laboral que abarate aún más el despido, una medida fundamental para incentivar las nuevas contrataciones, tal como se ha demostrado… Ah no, perdón. Que el abaratamiento del despido y las nuevas fórmulas de contratación no han generado más empleo. Han propiciado -entre otras muchas cosas negativas- que si antes tenías a una persona trabajando por 1.600 euros, ahora puedas tener a dos trabajando por 800 euros cada una. Sí, ése es el empleo que ha generado esta reforma: un empleo de mierda. Pero han cambiado tanto nuestros hábitos, los ‘malos hábitos’ de los parados de larga duración, que cuando alguien me dice que se levanta a las 5.30 de la mañana para trabajar en una multinacional de medicina natural cobrando menos de 700 euros al mes, no sé si sentir lástima o envidia.

Pero bueno, tener un contrato legal y en condiciones normales o cotizar por nuestro trabajo son cosas que hace tiempo perdieron todo interés para mí. Total, para cuando llegue a los 67 años habrán cambiado tantas veces la ley que no tendré derecho a nada, tanto si he trabajado legalmente como si no. El sistema nos castiga -o nos recompensa- con este proceso de involución en el que la subsistencia solo está asegurada para los que tengan un pedacito de tierra en el que plantar sus tomates y sus lechugas.

No aspiro a tener coches de lujo aparcados en el garaje, ni lingotes de oro en la despensa, ni siquiera un piso en propiedad. Ni los bancos ni los grandes diseñadores se harán ricos con mis inversiones. Solo aspiro a no dejarme engañar por los que han adquirido el ‘mal hábito’ de no dejar de mentir. A encender todos los interruptores antes de que nos corten la luz.

“El trabajo de los periodistas no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz, para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse” – Ryszard Kapuściński

 

 

 

Vagabundo Pérez

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