Por tierras del “hermano Pedro” (Damián). 3/3

Tenerife desde La GomeraValeriano Pérez

Pedro y yo madrugamos la mañana del domingo y salimos a comprar  pan y chacinas. Recalamos en un exiguo “supermercadito”, en donde nos dan 18 panes y medio kilo de jamón cocido que, sumado al queso y a las provisiones del tío “Biel” darán para el desayuno y los bocatas.

 

En efecto el desayuno resultó variado (huevos fritos, café con leche, pan, fruta, queso, jamón, galletas, bizcochón, etc.) y tan pronto hicimos los bocadillos, limpiamos “lo que ve la suegra” y metemos nuestras  cosas en los dos coches pues no tenemos necesidad de volver por aquí. No fuimos muy lentos por cuanto, a las 8:55 salíamos de Hermigua y subiendo de nuevo por la desviación del Rejo nos introducimos una vez más en el Parque. Pero en esta ocasión seguimos carretera adelante en busca del primer paseo de hoy, que tendrá lugar en el Jardín de las Creces.

Vamos a realizar un recorrido circular de unos tres kilómetros de una hora y media de duración que tendrá como escenario la exuberante laurisilva del municipio de Valle Gran Rey. El toponímico Las Creces, se refiere  al fruto de la faya, que formó parte de la pobre dieta de los aborígenes. Dejamos los dos coches en la entrada e iniciamos el paseo caminando por soberbio paraje donde la naturaleza se nos presenta en un estado casi virginal y donde la relación con los moradores circundantes se ha mantenido dentro de un aceptable marco, sin apenas influencia visible. La pista de acceso conduce a una de las cuatro áreas recreativas que existen en el Parque pues está dotada de mesas, fogones, agua, etc. y en su esquina derecha se inicia el atractivo sendero que cuenta con once paradas interpretativas. Una autoguía nos informa de cada una de ellas.

Las especies más representativas de este “Jardín” son el acebiño, el laurel, el viñátigo, la faya, el brezo y el alamillo que se  acompañan de  helechos, geranios canarios, jaras, algaritofes, tomillos, poleos y mentas que embalsaman el aire y tonifican nuestros poco habituados pulmones. El estrecho sendero tiene suaves bajadas y subidas y en un cruce nos permitiría seguir hasta el caserío de Las Hayas pero nosotros vamos a  completar el recorrido que nos vuelve a sacar a la zona recreativa y por ella, hacia los coches que esperan pacientes como modernos burros. En la salida cambiamos impresiones y algunos, algo tocados, les parece que ya es suficiente por hoy, por lo que el equipo decide dividirse entre aquellos que harán otro paseo y los que prefieren ir a Laguna Grande.

El siguiente paseo propuesto es el de la Cañada de Jorge que tiene una entrada y salida diferenciada por lo que dejamos un coche en la salida y seguimos hasta el otro acceso donde nos bajamos cinco y el resto van  hacia la atractiva área recreativa de Laguna Grande donde esperarán. Así los “cinco de la fama” van a acometer el segundo de los paseos de hoy que resulta tan atractivo como el anterior, de similar duración y que discurre también por una privilegiada zona de la selva del laurel. Es la laurisilva canaria por la que es un autentico placer para los cinco sentidos caminar sin agobio, intentando oír espiritualmente el silencio del bosque, interrumpido a veces por el croar de una rana, el canto de un pájaro o el aleteo apresurado de la paloma rabiche en la espesura. Este paseo no es circular y comienza llaneando para luego ir en suave descenso hasta llegar a un claro donde se halla un enorme saúco, una rara especie de árbol de la laurisilva. Aquí la pista se transforma en un intimo sendero que asciende casi sin pausa pero siempre atravesando   parajes que crean adición por su serena belleza y agradable armonía.

A las 12:25 salimos al asfalto y por tanto al coche y nos vamos a buscar al resto del equipo que han estado retozando en esa soleada área Ahora estudiamos la posibilidad de hacer el almuerzo aquí o buscar otro sitio pues aún nos parece temprano y predomina el criterio de ir a las Rosas. Pero sucede que David es un gran aficionado a las carreras de coches y dentro de poco va a empezar la final de Brasil donde Alonso lucha por el campeonato mundial por lo que decide quedarse aquí con Florentina.

El resto nos vamos hacia el destino elegido y para ello entramos por la estrecha carretera de montaña que atraviesa el Parque Nacional en casi su Torre del Condetotalidad para salir por el Centro de Visitantes que está en “Juego de Bolos” el cual que nos proponemos visitar, pero antes vamos a buscar en donde almorzar y Pedro sugiere hacerlo en Roque Blanco. Así pues seguimos carretera adelante hasta llegar a esa zona conocida como Roque Blanco-Tión,  en donde hay un excelente restaurante de igual nombre en donde comemos bastante aceptablemente por lo que el amigo Pedro recibe la felicitación general por tan innegable acierto. El restaurante está enclavado en un hermoso paraje desde el cual se ve una magnífica panorámica sobre la cabecera de Vallehermoso y tras el almuerzo volvemos sobre nuestros pasos para detenernos en el Centro de Visitantes que recorremos con calma, disfrutando de su entorno.

A las 16:20 dejamos el lugar y por la misma vía de llegada salimos a la carretera de Laguna Grande, en donde se desvía Pedro para recoger a los seguidores de Alonso, quien no ha aprovechado la ocasión de ganar el mundial, por cuya razón David se duele de habernos abandonado. Todos nos encontramos en La Villa donde hacemos un postrer paseo para despedirnos de ella y de la Gomera después de pasar un relajado y agradable fin de semana, mientras hacemos planes para otra ocasión. Ya nos acercamos al muelle donde dejaremos los coches embocados hacia la rampa de embarque del barco de Armas. Delante de nosotros, en un furgón, tapado por una gruesa lona, “bala” angustiado un baifo.

Mientras llega el barco, nos acercamos a la pequeña playa anexa al muelle que se sitúa al otro lado del rojo cono volcánico que separa ambas orillas y donde se ubican las instalaciones del Club Náutico cuyo bar ha utilizado la cavidad de una cueva que ha agrandado y adecuado. La playa aparece protegida por un saliente lávico en el cual se ven unas escaleras y un gran pebetero en el cual ardió la llama Olímpica en su viaje desde Grecia a la lejana ciudad de Atlanta en el Estado USA de Georgia, con motivo de los juegos celebrados allí en el verano de 1996.

Llega el barco y nos apresuramos a subir a los coches y en esta ocasión hacemos el regreso acomodados ante el ventanal de proa y jugando a las cartas para hacer mas llevadera la hora y cuarto que dura el viaje.

A las 20:20 llegamos a Los Cristianos y tras las afectuosas despedidas abordamos el todo terreno de Marcos que me deja en el Puertito sobre las 21 horas, sorprendiendo a mi costilla que no me espera hasta las 10. Ya solo resta agradecer a los presentes su compañía y emplazarlos para la próxima escapada que será donde, como y cuando queramos.

 

 

 

Valeriano Pérez

 

 

 

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